El plan de Santex para mudar software a nubes más limpias y domar su 94% de Alcance 3

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Lanzar un framework de sostenibilidad en 2026 que promete “honestidad radical” y un Comité de Ética con poder de veto suena idílico en una gacetilla de prensa. Sin embargo, cuando se rasca la superficie del marketing tecnológico, aparecen los verdaderos desafíos operativos.

La tecnológica Santex acaba de hacer público STX Pulse, un framework dinámico que busca guiar sus decisiones estratégicas en talento, impacto ambiental y gobernanza de Inteligencia Artificial (IA). En una entrevista con Visión Sustentable, Enzo Dotto, director de Relaciones Públicas y Sostenibilidad de la compañía, analizó los números detrás de su huella, las zonas grises del negocio y los límites de la ética en una industria que avanza más rápido que las regulaciones.
Cómo gestionar el Alcance 3 desde América Latina

Para las empresas de servicios globales, el gran desafío ambiental es el Alcance 3. En el caso de Santex, este indicador concentra el 94% de su huella de carbono total (que en 2025 registró 112.56 tCO₂e), vinculada directamente a los servidores, la infraestructura cloud de terceros y los viajes.

A la hora de evaluar cuánta fuerza real tiene una organización latinoamericana para exigirles una transición verde a monstruos como Amazon Web Services (AWS), Google Cloud o Microsoft Azure, Dotto elige el pragmatismo:

Enzo Dotto, Director RRP & Sostenibilidad

“Miramos este desafío con mucha humildad. Somos conscientes de que, de forma aislada, el impacto que una empresa como la nuestra puede tener sobre las políticas de los gigantes globales de infraestructura es humilde. El Alcance 3 representa el 94% de nuestra huella total y es, por su naturaleza distribuida, el área sobre la que la industria tiene menor control directo”.

Ante esa falta de control directo, la estrategia para 2026 pasa por la ingeniería y la mudanza de datos. Dotto anticipa que incorporarán el análisis regional de los factores de emisión e indicadores de efectividad de agua (WUE) de los proveedores de nube. El objetivo es “Recomendar y migrar cargas de trabajo hacia zonas con matrices de energía más limpias y renovables”. La eficiencia ambiental, entonces, empieza a medirse en la elección estratégica de dónde se prenden los servidores.

La “red flag” de la IA: ¿Están dispuestos a perder clientes?

El otro gran eje de STX Pulse es la gobernanza de la Inteligencia Artificial, un terreno donde las promesas de responsabilidad abundan pero los ejemplos de autorregulación real escasean. La compañía anunció la creación de un Comité de Gobernanza de IA con la facultad de frenar proyectos. Pero en el mundo del software, ponerle un freno a un desarrollo de IA puede significar la pérdida de contratos millonarios.

Al ser consultado sobre si la empresa está dispuesta a rescindir un contrato o perder un cliente en pos de la ética, el director de Sostenibilidad asegura que “sí, estamos completamente dispuestos, porque entendemos que para que la gobernanza sea seria debe tener la capacidad real de tomar decisiones difíciles”. Según el ejecutivo, este comité cuenta con la “autoridad explícita para pausar proyectos que no se alineen con nuestros criterios éticos.

Sin embargo, trazar esa línea en un mercado tan dinámico sigue siendo el eslabón más difícil. Dotto reconoce que “la industria avanza en zonas grises” y que, ante la falta de recetas fijas, el framework se apoya en tres certezas conceptuales: garantizar la relevancia humana (que la IA no sustituya ciegamente a las personas ni afecte el bienestar laboral), promover la trazabilidad algorítmica en sintonía con marcos como la EU AI Act, y priorizar la inclusión regional mediante el reskilling técnico.

Gestionar el riesgo en la era de la transparencia

Exponer públicamente las metas que no se alcanzan en tiempo real durante 2026 implica un riesgo reputacional que pocas corporaciones se animan a correr. Para Santex, que declara un 87% de confianza interna en la independencia de sus canales éticos, este paso es parte de su posicionamiento.

“Si una organización solo publica lo que sale bien, no está siendo transparente; se está haciendo marketing a sí misma. Nosotros elegimos publicar nuestros resultados, incluso aquellos que distan de ser ideales. (…) No hay dudas que está liderando con honestidad operativa que no se esconde detrás de tecnicismos ni de marketing publicitario”, concluye Dotto.

Al hacer público su esquema de trabajo, Santex se puso voluntariamente bajo el microscopio del sector tecnológico. El mercado y los auditores de ESG mirarán de cerca si, al cierre de este año, el “pulso” demostró la fuerza suficiente para bajarse de un negocio dudoso o mudar un software por razones climáticas, o si el pragmatismo comercial terminó dejando las promesas en un segundo plano.

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