Un programa impulsado por Arpex e IdeaRSE busca transformar los tapones de corcho descartados por la industria vitivinícola en nuevos insumos para construcción, calzado y librería. En solo siete meses, más de 20 bodegas ya se sumaron a la iniciativa.
Aunque el corcho suele asociarse a un material noble y natural dentro de la industria del vino, miles de tapones terminan siendo descartados cada año durante procesos productivos como el embotellado y cierre de botellas. Frente a este escenario nació “Tapones Circulares”, un programa que busca extender la vida útil del material y convertir un residuo industrial en un nuevo recurso.
La iniciativa comienza a partir de una alianza entre Arpex, empresa productora y distribuidora de tapones para la industria vitivinícola, e IdeaRse, consultora mendocina especializada en sustentabilidad y calidad empresarial, que colabora en la recuperación y trazabilidad del material para su posterior reciclaje.
Actualmente, más de 20 bodegas forman parte del programa, entre ellas Chandon, Salentein, Doña Paula, Lagarde, Séptima y Viña Cobos.
Un problema silencioso dentro de la industria
“Muchas veces nos encontrábamos con clientes que no sabían cómo disponer los tapones usados: si debían tratarse como un residuo común, si eran biodegradables o si existía alguna forma de reutilizarlos”, explica Julia Catelén, gerente de Calidad y Sostenibilidad de Arpex.
Si bien los tapones naturales y técnicos son biodegradables, actualmente no existe en Argentina un circuito específico para gestionar este tipo de material dentro de los sistemas tradicionales de residuos. Como consecuencia, gran parte termina mezclada con residuos comunes.
“La idea comenzó a tomar forma en 2024, durante el Foro de Sustentabilidad de Bodegas de Argentina realizado en Bodega Salentein. Allí descubrimos que compartíamos una misma inquietud: qué hacer con los tapones una vez que terminan su uso”, señala Catelén.
Cómo funciona Tapones Circulares
El programa trabaja sobre los descartes generados dentro de las propias bodegas, tanto en la elaboración del corcho como durante el embotellado. Esto incluye tapones naturales, aglomerados y microaglomerados que, por cuestiones de inocuidad o fallas productivas, ya no pueden utilizarse.

Así, los tapones recuperados son después reutilizados para fabricar aislantes térmicos para construcción, suelas de calzado, rellenos y artículos de librería.
Además, cada retiro cuenta con trazabilidad y certificado de destrucción, permitiendo a las bodegas medir el volumen de material recuperado y sumar indicadores concretos dentro de sus estrategias de sostenibilidad.
Primeros resultados
Durante los primeros siete meses del programa —entre junio y diciembre de 2025— se recuperaron 2,7 toneladas de tapones de corcho. De ese total, 2,3 toneladas lograron ser efectivamente valorizadas y reutilizadas.
Según datos del programa, el impacto ambiental generado equivale aproximadamente a la absorción anual de dióxido de carbono de unos 190 árboles maduros o al ahorro energético similar al consumo eléctrico anual de tres hogares promedio.
“Sabemos que todavía hay mucho por crecer y mejorar, pero creemos que estos primeros resultados representan un excelente punto de partida para seguir impulsando el proyecto”, afirma Catelén.
La iniciativa también incorpora una dimensión social, ya que a través de IdeaRSE se organizan acciones comunitarias y colaboraciones con emprendedores locales, financiadas parcialmente con ingresos provenientes del reciclaje de materiales.
La mirada de las bodegas
Entre las empresas participantes se encuentra Bodega Antigal, que se incorporó al programa en agosto de 2025 como parte de su estrategia de sostenibilidad.
“En Antigal Winery & Estates la sustentabilidad es un pilar fundamental de nuestra identidad y un compromiso que guía nuestra manera de entender la vitivinicultura a futuro”, señala Andrea Carparelli, responsable de Calidad y Sustentabilidad de la bodega.
Según explica, la participación en Tapones Circulares les permite fortalecer procesos de trazabilidad y respaldar estándares vinculados a certificaciones y auditorías, como el Protocolo de Sustentabilidad de Bodegas de Argentina, SMETA y Fair Trade.
“Para Antigal, Tapones Circulares representa mucho más que una acción de reciclaje: es una muestra de cómo la industria vitivinícola puede evolucionar hacia modelos más responsables, donde producir y cuidar el entorno sean dos dimensiones inseparables”, agrega.
De esta manera, Tapones Circulares busca demostrar que incluso materiales históricamente asociados a lo natural y sustentable necesitan estrategias concretas de economía circular para evitar convertirse en residuos y volver a integrarse a nuevas cadenas de valor.