Starbucks anunció que está reevaluando uno de sus principales compromisos climáticos luego de constatar que, pese a los avances logrados en sus operaciones directas, las emisiones generadas a lo largo de su cadena de suministro continúan creciendo y dificultan el cumplimiento de la meta fijada para 2030.
La empresa había presentado en 2020 un objetivo alineado con la ciencia para reducir en un 50% las emisiones de gases de efecto invernadero de los alcances 1, 2 y 3 hacia 2030, tomando como año base 2019. Sin embargo, los últimos resultados muestran un escenario dispar entre las emisiones operativas y aquellas asociadas a proveedores, materias primas y logística.
De acuerdo con el Informe de Impacto Global de la compañía, Starbucks logró reducir un 17% las emisiones de los alcances 1 y 2 desde 2019 y disminuir un 3% la intensidad total de sus emisiones. No obstante, las emisiones de alcance 3 —que representan más del 90% de su huella de carbono— crecieron un 8% en el mismo período, impulsando un incremento del 7% en las emisiones totales de la empresa respecto del año base.
La revisión del objetivo forma parte de una evaluación más amplia de la estrategia de sostenibilidad de la compañía, enmarcada en el programa “Back to Starbucks”, impulsado por el CEO Brian Niccol para redefinir prioridades y fortalecer el desempeño del negocio.
Kelly Goodejohn, directora de Sostenibilidad e Impacto Social de Starbucks, explicó que la empresa está llevando adelante una “revisión exhaustiva y renovada” de sus metas ambientales y que, al mismo tiempo, integró la gestión de la sostenibilidad dentro de las distintas unidades de negocio para reforzar la responsabilidad de los principales ejecutivos en el cumplimiento de los compromisos asumidos.
“Tenemos la intención de seguir tomando medidas destinadas a gestionar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero en todas nuestras operaciones y cadenas de suministro, e informar de manera transparente sobre nuestros progresos”, afirmó la ejecutiva.
El desafío del alcance 3
El caso de Starbucks vuelve a poner de relieve uno de los mayores desafíos que enfrentan las empresas en su camino hacia la descarbonización: las emisiones indirectas de la cadena de valor.
En el caso de la compañía, la mayor parte de su huella de carbono proviene de la compra de bienes y servicios, particularmente del cultivo de café y de la producción de lácteos, dos actividades cuya reducción de emisiones depende en gran medida de proveedores, productores agropecuarios y transformaciones tecnológicas que exceden el control directo de la empresa.
Más allá de la revisión del objetivo climático para 2030, Starbucks aseguró que mantiene vigentes otros compromisos ambientales estratégicos.
Entre ellos se encuentran la meta de abastecer el 100% de sus operaciones propias con electricidad renovable, avanzar hacia cadenas de suministro libres de deforestación para el café y el cacao, impulsar envases más sostenibles, fortalecer la gestión responsable del agua y promover prácticas más sustentables en la producción de café.
La revisión anunciada por Starbucks se da en un contexto más amplio de replanteo de los compromisos climáticos corporativos. En los últimos meses, varias empresas y organizaciones redefinieron objetivos de descarbonización frente a un escenario marcado por mayores costos de implementación, cambios regulatorios, incertidumbre económica y la dificultad de reducir las emisiones de alcance 3, que dependen en gran medida de proveedores y cadenas de suministro.
Para los especialistas, esta tendencia implica un reconocimiento de que la transición hacia modelos de negocio bajos en carbono resulta más compleja de lo previsto y exige nuevas herramientas, inversiones y una mayor colaboración entre empresas, gobiernos y otros actores de la cadena de valor.
