En un contexto de necesidad de modernización de la red eléctrica, el almacenamiento energético en Argentina empieza a ganar protagonismo. La Secretaría de Energía lanzó una licitación por 700 MW de almacenamiento en baterías (BESS), una de las mayores convocatorias de este tipo en la región.
La iniciativa —formalizada mediante la Resolución 50/2026— contempla contratos a 15 años administrados por CAMMESA, con una inversión estimada en torno a los USD 700 millones.
Pero más allá de los números, la señal es clara: Argentina empieza a incorporar el almacenamiento como pieza estructural de su transición energética.
Si bien el almacenamiento no genera energía, transforma la forma en que el sistema la utiliza. En un país con creciente penetración eólica y solar —pero aún con fuerte dependencia térmica— las baterías permiten:
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Reducir el despacho de centrales fósiles en picos de demanda.
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Aprovechar mejor la generación renovable, que hoy muchas veces se limita por restricciones de red.
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Disminuir emisiones asociadas a generación ineficiente en horas críticas.
En términos climáticos, el impacto es indirecto pero clave: cada megavatio almacenado mejora la integración de renovables y reduce la necesidad de respaldo fósil inmediato.
Además, fortalece la resiliencia frente a eventos extremos —olas de calor o frío— que, producto del cambio climático, son cada vez más frecuentes y tensionan el sistema eléctrico.
Nueva señal para inversores
La licitación introduce un punto relevante para el mercado energético argentino: contratos de largo plazo (hasta 15 años) específicamente diseñados para almacenamiento.
Esto implica un reconocimiento regulatorio explícito del valor del almacenamiento como servicio al sistema, mayor previsibilidad de ingresos —condición clave para estructurar financiamiento— y la posible llegada de nuevos jugadores tecnológicos especializados.
Hasta ahora, el almacenamiento en Argentina había avanzado principalmente en proyectos aislados o pilotos. Esta escala —700 MW distribuidos en nodos estratégicos del NOA, NEA, Centro, Litoral y Cuyo— marca un cambio de dimensión.
En un contexto donde las discusiones ambientales suelen polarizarse, esta medida se posiciona como una decisión técnica con impacto sistémico. No se trata de un proyecto emblemático aislado, sino de infraestructura habilitante.
El mensaje al mercado es que la transición energética no solo pasa por instalar más renovables, sino por modernizar la arquitectura del sistema eléctrico. Si se implementa en tiempo y forma, el almacenamiento puede convertirse en uno de los pilares silenciosos de la descarbonización argentina.






