Tras la reciente resolución de la CNV (RG 1115/2026), la pregunta en los directorios ya no es si hay que reportar, sino qué tan lejos está ese reporte de lo que exige el mercado global. Mientras la Argentina institucionaliza el modelo de “cumplir o explicar”, la Unión Europea ya corre la frontera con la entrada en vigencia de la directiva Omnibus I, elevando la vara de la transparencia a niveles de trazabilidad absoluta.
El paso dado por la Comisión Nacional de Valores (CNV) es fundamental para el mercado doméstico, pero para las empresas con proyección internacional, el desafío es mayor. La normativa local se centra en el riesgo financiero y la gobernanza, una base sólida que busca hablar el idioma de los estándares IFRS (S1 y S2). Sin embargo, cruzar el Atlántico implica entrar en el terreno de la Doble Materialidad.
En Bruselas, no alcanza con decir cómo el cambio climático afecta el negocio (foco de la CNV); la CSRD europea exige demostrar cómo la operación de la empresa impacta positiva o negativamente en el ecosistema y la sociedad. Es una transición de la “supervivencia financiera” a la “responsabilidad sistémica”.
Los tres puntos ciegos para las empresas locales
Al analizar la fluidez de ambas normativas, aparecen tres áreas donde la empresa argentina deberá acelerar si quiere ser competitiva en la UE:
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Alcance 3 y Cadena de Valor: Mientras que en Argentina el reporte de emisiones de proveedores es todavía una recomendación, en Europa la directiva CSDDD (Diligencia Debida) ya lo convierte en una barrera de entrada para quienes quieran exportar o ser proveedores de firmas europeas.
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Verificación por Terceros: La CNV confía hoy en la firma del Directorio y el Comité de Auditoría. En Europa, el reporte ESG ya tiene el mismo peso legal que el financiero y requiere una auditoría externa obligatoria.
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El dato técnico vs. el relato: La UE, a través del paquete Omnibus I, simplificó la cantidad de datos (puntos de datos ESRS) para evitar la burocracia, pero aumentó la precisión exigida. Argentina recién comienza a educar a sus emisoras en la recolección de esta métrica técnica.
La convergencia hacia el estándar del ISSB es el puente. La resolución de la CNV no es la meta, sino el punto de partida para que la sostenibilidad deje de ser un área de comunicación y se convierta en el motor de la competitividad externa de nuestras empresas.






