AXION energy puso a la ciudad de Campana en el centro de su estrategia social y ordenó sus programas entre compromisos de largo plazo y acciones sujetas a revisión.
Revisar una estrategia de inversión social no implica solamente sumar programas. También supone decidir cuáles sostener, cuáles reformular y dónde concentrar los recursos. En AXION energy, ese proceso tiene a Campana como territorio prioritario, donde se encuentra la principal operación industrial de la compañía y donde la estrategia se organiza alrededor de cuatro ejes: educación, desarrollo local, salud y ambiente.
“La inversión social dejó de organizarse como un conjunto de aportes puntuales y pasó a estructurarse en función de las necesidades que releva la comunidad de Campana, con criterios de continuidad y de evaluación definidos para cada eje”, explica Roberto Dabusti, gerente de Responsabilidad e Inversión Social de AXION energy.
Ese criterio también define la duración de las iniciativas. El plan anual diferencia los programas que constituyen compromisos plurianuales de las acciones que se revisan al cierre de cada ciclo.
“Esa distinción no es formal, dado que define qué sostenemos y qué reformulamos”, señala. Algunas iniciativas muestran esa lógica de continuidad. Lazos acompaña desde 2016 a estudiantes del último año de escuelas secundarias públicas en su transición al mundo laboral y alcanzó a 9.499 participantes hasta 2025. Otros fueron modificándose a partir de la evaluación: Promover nació con foco en Campana y evolucionó hacia un esquema de nodos con alcance nacional, llegó a 180 organizaciones e incorporó talleres de inteligencia artificial a partir de demandas de los propios participantes.
La escucha de la comunidad ocupa un lugar central en ese proceso. Entre 2022 y 2025, 2.714 vecinos y estudiantes visitaron la refinería. “Nuestros programas nacen de un proceso activo con la comunidad y evolucionan según lo que la escucha y la evaluación
posterior indican”, especifica Dabusti. A ese intercambio se suman encuestas de opinión pública y el trabajo con organizaciones especializadas, que aportan estándares propios y una mirada externa sobre la implementación y los resultados.
La medición es otro componente del modelo. “La diferencia central reside en la verificabilidad. Comunicar una política supone enunciar una intención y un marco de trabajo. Rendir cuentas implica exponer esa intención a indicadores definidos, sostenidos en el tiempo y contrastables por terceros”, afirma. La lógica es trabajar con series
históricas, incorporar validación externa cuando corresponde y mantener estables las definiciones de los indicadores para que la comparación sea posible.
El abordaje social convive con una agenda ambiental vinculada a la escala industrial de la operación. Dabusti identifica allí uno de los desafíos permanentes: anticiparse a exigencias regulatorias crecientes. En la refinería, las reformas realizadas sobre los hornos de las unidades Powerformer, DKU y DHT permitieron mejorar en un 6% el Índice de Eficiencia Energética. A eso se suma la instalación de 88 paneles solares en el edificio de mantenimiento, con una reducción aproximada de 34 toneladas de CO2e anuales.
La relación con el sector público también forma parte del diseño. AXION energy plantea que la empresa puede aportar recursos, capacidades e innovación, pero sin sustituir la responsabilidad estatal. “La articulación no es un requisito administrativo del programa, es su condición de diseño”, resume Dabusti.
Ese enfoque alcanza también a la evaluación de la autonomía. “El indicador principal es si la organización acompañada mejora su capacidad de obtener recursos que no provengan de la compañía”, explica. A la vez, reconoce que no todas las iniciativas deben perseguir ese objetivo: en determinados casos, el valor del aporte reside en la previsibilidad que brinda a instituciones cuya función resulta crítica para la comunidad.
La gestión de la inversión social aparece así menos vinculada a la cantidad de iniciativas que a la capacidad de establecer prioridades, sostener compromisos, revisar lo que cambia y medir resultados comparables en el tiempo. En una operación industrial de largo plazo, esa lógica se combina con una agenda ambiental que obliga a mejorar eficiencia y anticipar nuevas exigencias.
