Después del boom: cómo construir capacidades que permanezcan en el territorio

En Añelo y San Patricio del Chañar, Shell reformuló su inversión social con foco en educación, empleo y desarrollo local. El desafío es generar oportunidades que no dependan exclusivamente de Vaca Muerta ni del ciclo de la operación.

El crecimiento acelerado de una actividad puede transformar una comunidad. Amplía la demanda de empleo, atrae inversiones y abre nuevas oportunidades. Pero también puede consolidar una dependencia difícil de sostener cuando cambian las condiciones del negocio.

En localidades atravesadas por el desarrollo de Vaca Muerta, la inversión social enfrenta por eso un dilema particular: responder a las necesidades que genera la actividad hidrocarburífera sin limitar el futuro del territorio a una única industria.

Shell busca abordar ese desafío en Añelo y San Patricio del Chañar, las dos comunidades neuquinas próximas a sus operaciones. En 2025, la compañía actualizó su Estrategia de Inversión Social a partir de un nuevo diagnóstico territorial y definió una hoja de ruta hasta 2030. Educación, formación, empleabilidad, desarrollo local, emprendedurismo y seguridad civil y vial quedaron establecidos como sus principales ejes de trabajo.

Diagnosticar como primer paso

La estrategia surgió de un estudio de base social realizado en 2024. El relevamiento permitió definir las prioridades de intervención a partir de las necesidades identificadas en ambas localidades. “La mayor necesidad detectada en ese momento era poder nivelar la
educación local para promover mayores posibilidades de inserción laboral para los jóvenes”, explica Ornella Rotella, responsable de Programas de Inversión Social de Shell Argentina.

La compañía plantea que la relación con las comunidades requiere una presencia cotidiana y vínculos de largo plazo. Ese contacto permite revisar periódicamente la evolución de las problemáticas y ajustar los programas.

La respuesta aportada por Shell al Mapa de la Sustentabilidad en Argentina 2026 refuerza ese enfoque. La empresa declaró que todas las iniciativas incluidas en su estrategia 2025-2030 se basan en un relevamiento reciente de las prioridades de Añelo y San Patricio del Chañar. También informó que el presupuesto destinado a inversión social aumentó y que sus áreas centrales son la educación, la empleabilidad y el desarrollo económico local.

EN TERRITORIOS ATRAVESADOS POR UNA INDUSTRIA DE GRAN ESCALA, LA INVERSIÓN SOCIAL ENFRENTA UN DOBLE DESAFÍO: RESPONDER A LAS DEMANDAS ACTUALES Y AMPLIAR LAS OPCIONES DISPONIBLES PARA EL FUTURO.

Formar para un territorio más amplio que la industria

Desde su llegada a Vaca Muerta en 2012, Shell desarrolló talleres de oficios, propuestas para estudiantes secundarios, estudios terciarios y becas universitarias. La compañía afirma que una proporción elevada de los graduados logró insertarse laboralmente, aunque no aportó cifras que permitan dimensionar ese resultado o conocer su distribución entre sectores.

Las áreas de formación mencionadas muestran, sin embargo, una intención de ampliar el horizonte productivo. Además de contenidos vinculados con la energía, los programas abarcaron manipulación de alimentos, seguridad y ambiente, textiles y administración de empresas.

Según la compañía, hubo graduados que se insertaron o emprendieron en los sectores frutícola, gastronómico, turístico, hotelero y textil. “Tenemos claro que nuestro aporte va más allá de desarrollar Vaca Muerta y es promover el desarrollo local de todos los sectores”, afirma Rotella.

DIVERSIFICAR EL DESARROLLO LOCAL NO CONSISTE SOLAMENTE EN FORMAR PARA NUEVOS OFICIOS: REQUIERE QUE ESAS CAPACIDADES ENCUENTREN MERCADOS, FINANCIAMIENTO Y CONDICIONES PARA SOSTENERSE.

Pensar desde el inicio en la continuidad

Las operaciones extractivas atraviesan distintos ciclos de inversión, producción y rentabilidad. Por eso, una estrategia comunitaria de largo plazo necesita contemplar desde el comienzo qué sucederá cuando cambie la intensidad de la actividad o disminuya la presencia de la empresa.

Para Shell, los programas deben dejar capacidades instaladas en los actores locales. “Cada nuevo programa que diseñamos es pensado desde el primer día para ser sustentable en el tiempo”, detalla la representante de la compañía.

La continuidad también depende de que escuelas, organizaciones sociales, gobiernos locales, emprendedores y otras instituciones puedan apropiarse de los conocimientos, las herramientas y las redes construidas.

Medir lo que queda

Shell señala que revisa anualmente sus programas a partir de distintos indicadores y de la evolución de las problemáticas locales, aunque no especifica cuáles son esas métricas ni fija resultados cuantitativos hacia 2030.

Medir participantes y graduaciones permite conocer el alcance inmediato. Evaluar si una
inversión dejó capacidades exige observar la continuidad educativa, la inserción laboral, la
diversificación de ingresos, el fortalecimiento de las instituciones locales y la autonomía respecto de una sola actividad económica.

EL IMPACTO PERDURABLE NO SE MIDE SOLO POR LA CANTIDAD DE PARTICIPANTES, SINO POR LAS OPORTUNIDADES Y CAPACIDADES QUE CONTINÚAN CUANDO TERMINA EL PROGRAMA.

La estrategia de Shell busca que ese efecto alcance también a las familias y a la comunidad. Para eso, la empresa plantea sostener una relación cercana con Añelo y San Patricio del Chañar, revisar periódicamente las necesidades del territorio y ajustar sus programas de educación, formación, desarrollo local, emprendedurismo y seguridad civil y vial.

El desafío hacia 2030 será demostrar con resultados comparables cuánto de esa inversión logró traducirse en trayectorias educativas, empleos, emprendimientos e instituciones capaces de sostenerse más allá del acompañamiento empresarial.

En territorios atravesados por una industria de gran escala, la inversión social no elimina las tensiones del desarrollo. Pero puede ampliar las alternativas disponibles y reducir la dependencia de una sola actividad. Su verdadero valor aparecerá cuando las capacidades construidas permanezcan en las personas, las organizaciones y la comunidad, aun cuando cambien el presupuesto, el programa o el ciclo de la operación.

Desde 2012, Shell desarrolla iniciativas educativas y de capacitación en Añelo y San Patricio del Chañar.

Trayectos educativos
Talleres de oficios, programas para estudiantes secundarios, estudios terciarios y becasuniversitarias.
Áreas abordadas
Energía, manipulación de alimentos, seguridad y ambiente, producción textil y administración de empresas.

Sectores de inserción mencionados por la compañía
Actividad energética, producción frutícola, gastronomía, turismo, hotelería y textiles.
La empresa señala que parte de los graduados también desarrolló emprendimientos propios, aunque no informó datos desagregados sobre participantes o inserción laboral.

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