Inicio OPINION Anatomía de un reporte de sostenibilidad: 7 errores demasiado comunes

Anatomía de un reporte de sostenibilidad: 7 errores demasiado comunes

reportes-sustentabilidad-errores.jpg
Max bensimon, director de Estrategia en done!

* Por Max Bensimon

Entre estándares, indicadores y cientos de páginas, muchas organizaciones tropiezan en los mismos lugares al reportar sostenibilidad. Un recorrido por siete errores que aparecen más seguido de lo que nos gustaría admitir.

La escena es familiar. Una reunión virtual con varias áreas conectadas, un Excel con cientos de indicadores abiertos en pantalla y un documento que ya supera las cien páginas. Alguien menciona GRI, otra persona pregunta por ESRS y en algún momento surge la duda que sobrevuela casi todos los procesos de reporte: quién va a leer todo esto.

El reporte de sostenibilidad se volvió una herramienta central para las organizaciones. Sirve para ordenar información, responder a estándares cada vez más exigentes y mostrar cómo evoluciona el impacto del negocio. Sin embargo, en ese proceso aparecen tropiezos bastante previsibles.

Después de muchos años acompañando a organizaciones en este camino, es fácil reconocer en qué momento del proceso suelen aparecer.

Antes de empezar

El primer tropiezo suele ocurrir incluso antes de escribir una sola línea. Muchas organizaciones eligen indicadores sin una lógica clara o sin alinearlos con los marcos que utiliza el mercado. Cuando eso sucede, el informe pierde comparabilidad y relevancia desde el inicio.

Muy cerca aparece el segundo tropiezo. Las regulaciones en sostenibilidad cambian con rapidez y quienes no siguen esas transformaciones pueden terminar reportando información incompleta o desactualizada. Lo que parecía suficiente hace dos años hoy puede quedar corto frente a nuevas exigencias del mercado o de los reguladores.

Durante la redacción

Cuando finalmente comienza la redacción, aparece otro clásico. El reporte empieza a parecerse demasiado a una tesis académica. Páginas densas, párrafos interminables y lenguaje técnico que hace difícil entender qué está pasando realmente dentro de la organización.

A partir de ahí surge el cuarto tropiezo habitual. El informe se convierte en una larga lista de acciones. Hicimos esto, participamos en aquello, donamos tal cosa. Sin contexto ni reflexión, el reporte pierde la oportunidad de mostrar aprendizaje, avances y también aquello que todavía está en proceso.

Y en ese mismo tramo aparece quizás el error más delicado. El quinto se vincula con la tentación de exagerar avances, omitir desafíos o presentar los datos de forma demasiado optimista. En sostenibilidad, la credibilidad se construye cuando una organización es capaz de mostrar tanto lo que logró como aquello que todavía necesita mejorar.

La experiencia de uso

Incluso cuando el contenido está bien trabajado, todavía quedan dos obstáculos frecuentes. El sexto aparece cuando el reporte pierde la voz de la marca y adopta un tono burocrático que podría pertenecer a cualquier organización. En ese punto, el documento deja de reflejar quién está contando la historia. Y pasa a ser uno más del montón.

El séptimo tiene que ver con la experiencia de lectura. Pocas personas recorren un reporte de principio a fin. Si el diseño y la arquitectura de la información no ayudan a navegar el contenido, encontrar lo importante puede volverse más difícil de lo necesario.

Queda claro que un buen reporte no depende solo de cumplir con un estándar. También requiere claridad, honestidad y una forma de contar la información que permita entender qué está cambiando realmente dentro de la organización. Cuando eso ocurre, el reporte deja de ser un documento que se publica una vez al año y pasa a ser algo mucho más valioso. Una historia concreta sobre cómo una organización se prepara para el futuro.

(*) Es Director de Estrategia en done!

Exit mobile version