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Aluar: El gigante argentino que produce aluminio con una huella 50% menor al promedio mundial

Pia Madanes, accionista y responsable de comunicación y ESG de Grupo Aluar

Con una inversión de u$s 745 millones en energía eólica y una huella de carbono que es la mitad del promedio global, la compañía no solo produce metal: exporta sustentabilidad. Pía Madanes Quintanilla, accionista y responsable de comunicación y ESG de Grupo Aluar, nos cuenta cómo la innovación y el compromiso social marcan la hoja de ruta para los próximos años.

En un mundo que vira desesperadamente hacia lo “verde”, ser una industria ultra electro-intensiva puede parecer una contradicción, pero para Aluar es una oportunidad de diferenciación competitiva. Con 50 años cumplidos, la compañía argentina demuestra que se puede estar en la cima de la eficiencia global operando desde la Patagonia.

La cifra que hoy exhiben con orgullo es contundente: 6,21 t CO2 eq/t Al. “Es menos de la mitad del promedio mundial de la industria”, destaca Pía Madanes. Esta ventaja competitiva no nació de la noche a la mañana, sino que es el resultado de una estrategia de diversificación que arrancó en 1978 con la represa hidroeléctrica de Futaleufú y que hoy tiene al viento como gran protagonista.

Desde 2016, el Parque Eólico Aluar (PEAL) se convirtió en el motor de la transformación. Con una inversión total que ya alcanza los 745 millones de dólares, el parque se encamina a ocupar una superficie de 200 kilómetros cuadrados (el tamaño de la Ciudad de Buenos Aires) para generar 582 MW.

Según explica Madanes, este despliegue permite que hoy más del 50% del aluminio primario se produzca con fuentes renovables, una cifra que escala por encima del 90% cuando hablamos de productos elaborados.

“Nuestro compromiso es con el crecimiento sostenible; por eso desarrollamos estrategias que crean valor no solo para el negocio, sino para las personas y el medio ambiente”.

Desafíos en la frontera de lo posible

Pero el camino no es sencillo. Mantener todos los parámetros productivos por debajo de los límites regulatorios exige un esfuerzo técnico y económico constante. De cara a los próximos cinco años, el objetivo es seguir bajando las emisiones de gases de efecto invernadero, una meta que Madanes califica como la más ambiciosa y difícil de la industria.

“Esto es complejo porque requiere explorar tecnologías que hoy están en fase experimental y todavía no son escalables a nivel industrial”, admite Pía. La apuesta de Aluar pasa por la innovación en eficiencia energética —como el nuevo diseño de cubas de menor consumo— y proyectos de vanguardia como la construcción de una planta de ósmosis inversa para autoabastecerse de agua desalinizada a partir de agua de mar, reduciendo la presión sobre los recursos hídricos locales.

El legado de la Fundación Aurora Austral

La visión de sustentabilidad de Aluar cruza las puertas de la planta y se instala en la comunidad. Bajo esa premisa, la Fundación Aurora Austral busca replicar el éxito social del Colegio Madre Teresa de San Fernando en el corazón de Puerto Madryn, donde Aluar lleva a cabo la mayor parte de sus operaciones.

Madanes explica que este proyecto educativo surge de la convicción de que la educación es la herramienta transformadora por excelencia. En el marco de su 50° aniversario, la empresa construirá y donará una escuela de nivel inicial, primario y secundario a la Municipalidad de Puerto Madryn. “Queremos impulsar ese mismo espíritu transformador en la ciudad donde llevamos a cabo la mayor parte de nuestras operaciones”, concluye.

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