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Sanar después de la tormenta: reconstruir una comunidad cuando el daño no se ve

Talleres sobre salud mental - UNIPAR

Las catástrofes climáticas dejan marcas que no siempre son visibles. Más allá de las pérdidas materiales, hay un impacto silencioso que suele durar mucho más: el emocional. En un contexto global atravesado por la incertidumbre climática, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la salud mental —un derecho humano fundamental— es uno de los aspectos más vulnerados después de una emergencia. Según el organismo, 1 de cada 5 personas que atravesaron una catástrofe en la última década desarrolla depresión, ansiedad o estrés postraumático.

Por eso, los espacios de contención emocional dejaron de ser un complemento para convertirse en una pieza central de la reconstrucción social. “La condición más común en una emergencia no es una herida física, sino el duelo”, explica Fahmy Hanna, oficial técnico de salud mental de la OMS. “Un hueso roto puede sanar en semanas, una casa puede reconstruirse en meses, pero los efectos mentales, si se ignoran, pueden durar toda la vida”.

De la emergencia a la reconstrucción integral

En Bahía Blanca, esta realidad se hizo especialmente tangible. Tras el fuerte temporal de viento de diciembre de 2023 —aún presente en la memoria colectiva— y las graves inundaciones que afectaron a la ciudad y sus alrededores en marzo de 2025, Unipar entendió que la respuesta debía ser inmediata, pero también profunda e integral.

Además de donar más de 200.000 litros de lavandina concentrada para tareas de limpieza y saneamiento, la compañía impulsó acciones de acompañamiento emocional destinadas tanto a colaboradores como a vecinos. Con recursos propios, trabajo voluntario y tiempo, el foco estuvo puesto no solo en la recuperación material, sino también en la psíquica.

Así nació “Sanar después de la Tormenta”, un programa pensado para transformar el trauma en herramientas de resiliencia. Porque cuando las crisis climáticas alteran la rutina y superan la capacidad individual de afrontamiento, generar espacios de salud mental —en la comunidad y dentro de las organizaciones— se vuelve clave. Insomnio, irritabilidad o ansiedad dejan de ser síntomas aislados y pasan a ser señales que pueden reconocerse y gestionarse colectivamente.

“Estamos convencidos de que nuestro rol como empresa va mucho más allá de producir”, señala Guillermo Petracci, director de Unipar Argentina. “También implica ser agentes de transformación en las comunidades donde operamos, acompañando a las personas, aportando soluciones concretas y trabajando en conjunto para construir un futuro sostenible”.

Lejos de ser una acción puntual, el programa se consolidó como un proceso de acompañamiento sostenido, con una participación activa de vecinos que se sumaron a los talleres. El ciclo se estructuró en dos etapas: una primera, en mayo, enfocada en procesar el impacto emocional inmediato; y una segunda, en diciembre, orientada a fortalecer la resiliencia y proyectar un futuro compartido. Psicólogos, facilitadores y especialistas en gestión del estrés fueron parte de un abordaje multidisciplinario que marcó la diferencia.

Cuando la experiencia se convierte en aprendizaje colectivo

El impacto se reflejó en la voz de quienes participaron. Marieta y Sandra, vecinas de la comunidad, destacaron haber encontrado un espacio de calma y herramientas concretas para reducir el estrés, valorando especialmente el intercambio con especialistas y con los Bomberos Voluntarios de General Cerri. Lucía y Graciela, por su parte, resaltaron la necesidad de estos encuentros dinámicos en un contexto de malestar generalizado, definiéndolos como instancias de aprendizaje mutuo fundamentales para la vida cotidiana.

Con el apoyo de Cáritas Ingeniero White, la ONG El Arte de Vivir y los Bomberos Voluntarios, la iniciativa reafirma que atender la urgencia también puede sentar las bases de un modelo de cooperación a largo plazo.

Cuando el sector público, el privado y el tercer sector trabajan con un propósito común, la ayuda se transforma en impacto real. Y en ese camino hacia la resiliencia climática, el cuidado de la salud mental no es un tema accesorio: es una condición indispensable para el bienestar de las comunidades y de las generaciones que vienen.

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