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Europa endurece su meta 2040, pero mantiene una vía flexible con créditos de carbono

Los legisladores del Parlamento Europeo y del Consejo llegaron a un acuerdo provisional para introducir un nuevo objetivo vinculante en la Ley Europea del Clima para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90% para 2040, sobre la base de 1990.

Esto se suma a la meta de neutralidad climática para 2050 y al objetivo intermedio de -55% para 2030. La Comisión Europea, que ya informó de una reducción del 37% a finales de 2023, describe la medida como una “vía pragmática y flexible” que busca reflejar las realidades económicas y geopolíticas actuales.

Las Cifras del Pacto y la Flexibilidad Introducida

El acuerdo llega tras una fuerte resistencia de estados miembro como Polonia y Hungría, que exigían mayor maniobrabilidad ante el impacto económico de la legislación. Para lograr el consenso, el nuevo pacto incluye modificaciones significativas a la propuesta inicial de la Comisión:

  1. Mayor Peso del Carbono Internacional: Se amplía el papel de los créditos de carbono. El acuerdo permite que los créditos internacionales (Artículo 6 del Acuerdo de París) contribuyan hasta un 5% del nuevo objetivo a partir de 2036. Esto implica que las reducciones nacionales efectivas exigidas para 2040 se sitúan en el 85%. Además, se abre la puerta al uso de absorciones permanentes de carbono nacionales bajo el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE UE) para neutralizar emisiones difíciles de abatir.

  2. Retraso del Sistema de Tarificación (ETS2): Se concede un año de prórroga para la implementación del Sistema de Comercio de Emisiones revisado (ETS2), que estaba previsto para 2027 y que extiende el precio del carbono a sectores como el transporte por carretera y la calefacción de edificios. El nuevo inicio se fija en 2028.

  3. Revisión Bienal Obligatoria: El acuerdo introduce una revisión obligatoria por parte de la Comisión cada dos años. Este mecanismo evaluará el progreso y considerará factores como la ciencia más reciente, los avances tecnológicos, los precios de la energía y, crucialmente, la competitividad internacional de la UE. La Comisión deberá proponer revisiones a la Ley del Clima si los datos así lo exigen.

En síntesis, la UE refuerza su compromiso a largo plazo con una cifra ambiciosa, pero asegura a la industria y a los estados más reacios la flexibilidad necesaria mediante una mayor apertura al mercado internacional de carbono y un plazo extendido para la ampliación del sistema de tarificación.

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