La COP30 en Belém, Brasil, terminó con un acuerdo que dejó gusto amargo. Por segundo año consecutivo, el documento final evitó mencionar de forma directa el alejamiento de los combustibles fósiles, a pesar de los reclamos insistentes de la Unión Europea, Reino Unido y varios países latinoamericanos. Tampoco consiguió algo clave: una hoja de ruta obligatoria para poner fin a la deforestación.
En su discurso de cierre, el Secretario Ejecutivo de Cambio Climático de la ONU, Simon Stiell, reconoció el desencanto general, pero pidió no perder de vista lo logrado:
“Muchos países querían avanzar más rápido en combustibles fósiles, financiación y respuesta a los desastres climáticos. Entiendo esa frustración, y la comparto. Pero no ignoremos el gran avance que esta COP nos ha dado”.
Fósiles: el elefante en la sala
La UE, Reino Unido y otros países venían empujando para que el acuerdo hablara claramente de dejar atrás el carbón, el petróleo y el gas, retomando el impulso de la COP28, que en 2023 fue la primera en pedir una transición global para abandonar los combustibles fósiles. Incluso hubo rumores de que podrían retirar su apoyo si esa referencia no quedaba incluida.
Pero finalmente pesaron más las objeciones de Arabia Saudita, Rusia, India y otros grandes productores. Como resumió Wopke Hoekstra, comisario europeo de Clima:
“Un grupo de países, principalmente productores de petróleo, hizo todo lo posible para bloquear la referencia a la eliminación gradual de los combustibles fósiles”.
Resultado: el acuerdo final volvió a esquivar el tema.
Deforestación: reconocimiento, pero sin obligaciones
Algo parecido pasó con los bosques. Más de 90 países querían una hoja de ruta concreta y vinculante para frenar y revertir la deforestación, pero el texto terminó en una mención general a la necesidad de actuar, sin compromisos obligatorios.
Como gesto para destrabar el cierre, la presidencia de Brasil prometió crear durante 2025 dos hojas de ruta basadas en ciencia: una para avanzar en la transición energética y otra para frenar la deforestación. Serán voluntarias y por fuera del sistema formal de la ONU.
Avances: plata, transición justa y comercio
Pese a la decepción de muchos, hubo algunos resultados positivos:
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Se respaldó la necesidad de aumentar fuertemente la financiación climática, movilizando 1,3 billones de dólares anuales para países en desarrollo hacia 2035, y triplicando los fondos para adaptación hasta 300.000 millones por año.
Eso sí: sin mecanismos obligatorios para asegurar que la plata llegue. -
Se aprobó un nuevo mecanismo de transición justa, pensado para acompañar a trabajadores y comunidades afectadas por los cambios en el modelo energético.
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Por primera vez, el comercio se incorpora como un área central de acción climática, reconociendo que la descarbonización va a impactar cada vez más en temas como precios de carbono, cadenas de suministro y políticas de importación.
El balance final
Hoekstra lo resumió sin vueltas:
“Aunque la semana fue caótica y confusa, avanzamos en la dirección correcta. Pero no se equivoquen: la UE esperaba más”.
Y muchos comparten esa sensación: avances, sí… pero todavía muy lejos del nivel de acción que demanda la emergencia climática.
