Aluar: energía, agua y trazabilidad para sostener la competitividad

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Pía Madanes, Responsable de Comunicación Institucional y Estrategia ESG de Aluar.

La mayor productora de aluminio del país busca reducir su exposición energética y responder a nuevas exigencias ambientales y comerciales.

En la producción de aluminio, la energía es uno de los principales insumos y una variable crítica para la continuidad operativa, los costos, las emisiones y el acceso a mercados.

“La inversión en energías renovables no es solo un compromiso ambiental. Es una decisión estratégica con impacto directo en la competitividad”, afirma Pía Madanes, responsable de Comunicación Institucional y Estrategia ESG de Aluar.
La compañía finalizó el montaje de la quinta ampliación de su Parque Eólico Aluar. Para fines de este año, alcanzará 582 MW de potencia instalada conectada directamente con la Planta de Aluminio Primario. Según Aluar, esa capacidad representa aproximadamente el 13% de la potencia eólica instalada en el país y consolidará al PEAL como el parque eólico más grande de la Argentina.

Para la empresa, la generación renovable también contribuye a reducir costos operativos y la exposición a la volatilidad del mercado energético.

La energía como gestión de riesgo

“El aluminio se produce a partir de dos insumos esenciales: alúmina y energía”, explica Madanes. En una industria ultraelectrointensiva, cualquier interrupción del suministro
puede tener consecuencias directas sobre la producción.

Por eso, Aluar combina fuentes térmicas, eólicas e hidroeléctricas para diversificar su matriz y ganar previsibilidad. “Contar con una matriz diversificada entre fuentes térmicas, eólicas e hidroeléctricas nos da estabilidad”, señala.

“LA INVERSIÓN EN ENERGÍAS RENOVABLES NO ES SOLO UN COMPROMISO AMBIENTAL. ES UNA DECISIÓN ESTRATÉGICA CON IMPACTO DIRECTO EN LA COMPETITIVIDAD.”

La ampliación del parque eólico también busca reducir emisiones y la exposición a la volatilidad del mercado energético. “No se puede reducir emisiones de manera sostenida sin una base energética estable y creciente en renovables”, sostiene Madanes.
Sin embargo, la diversificación no resuelve por sí sola el desafío ambiental. “Como empresa
ultraelectrointensiva, nuestro mayor desafío sigue siendo la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero”, reconoce.

A esto se suman nuevas condiciones comerciales. Mecanismos como el Carbon Border Adjustment Mechanism —CBAM— de la Unión Europea convierten la huella de carbono en una variable de acceso a determinados mercados. La transición energética pasa así a
formar parte de la estrategia competitiva de las empresas exportadoras.

Agua y operación industrial

Durante 2026, Aluar prevé poner en marcha una planta desalinizadora de agua de mar en Puerto Madryn. El proyecto busca asegurar el abastecimiento de sus procesos sin aumentar la presión sobre los recursos utilizados por la ciudad. “El agua es un recurso escaso en la Patagonia. La planta responde a una necesidad concreta: asegurar el abastecimiento hídrico de nuestros procesos sin presionar los recursos de la ciudad”, explica Madanes.

La instalación utilizará ósmosis inversa y, según la compañía, permitirá reducir la demanda sobre el río Chubut. El CONICET-CENPAT estudia las condiciones del medio marino para evaluar el entorno y planificar medidas de cuidado.

La iniciativa responde a una restricción territorial concreta, aunque su implementación
requerirá monitorear sus efectos sobre el ecosistema marino.

Medirse y demostrar

Aluar también inició el proceso para obtener la certificación de Aluminum Stewardship Initiative, un estándar internacional para la cadena de valor del aluminio.

En octubre de 2025 realizó una preauditoría en su planta de aluminio primario. Según la empresa, esa instancia confirmó su preparación para avanzar hacia las etapas finales del proceso. Posteriormente, Aluar formalizó su adhesión como miembro de ASI y comenzó el camino hacia la certificación.

“Medirse bajo criterios globales es ante todo una decisión de transparencia”, afirma Madanes. La certificación todavía está en proceso y supone controles externos sobre aspectos ambientales, sociales y de gobierno corporativo.
Para la compañía, el valor de la certificación también busca ofrecer información verificable a clientes, inversores y comunidades.

Las exigencias de los mercados ya no se concentran únicamente en la calidad del producto.
También alcanzan la trazabilidad, la integridad y el desempeño ESG de la cadena de valor.

LA TRANSICIÓN DE UNA INDUSTRIA ELECTROINTENSIVA EXIGE CONVERTIR LAS INVERSIONES EN RESULTADOS MEDIBLES SOBRE EMISIONES, EFICIENCIA Y ACCESO A
MERCADOS.

En ese marco, la empresa incorporó procesos de debida diligencia para evaluar sus prácticas de abastecimiento. El desafío será demostrar el alcance de esos controles y cómo se traducen en decisiones frente a proveedores que no cumplen los criterios establecidos.

Una transición abierta

La estrategia de Aluar combina generación renovable, gestión del agua, trazabilidad y certificación. Pero la transformación de una industria intensiva en energía no es inmediata.
La compañía reconoce que algunas tecnologías necesarias para profundizar la descarbonización todavía se encuentran en fase experimental y no son escalables a nivel industrial. El camino también exige avanzar en eficiencia energética, insumos, procesos, residuos y reciclado sin comprometer la calidad ni la seguridad.

Las inversiones marcan una dirección. El desafío será convertirlas en resultados sostenidos, medibles y verificables en toda la operación.

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