Diversidad a medias
La diversidad avanza, pero todavía con una distancia clara entre política y resultado. El 78% de las compañías cuenta con una política de diversidad e inclusión; el porcentaje baja al 65,5% cuando se pregunta por metas u objetivos concretos. Entre las 97 empresas con política, 22 no informaron metas. También aparecen siete casos que declararon objetivos sin contar con un marco formal, señal de programas específicos o estrategias todavía en construcción.
El movimiento reciente fue moderado. Solo el 22,5% modificó su estrategia de diversidad durante el último año y el 34% cambió la forma de comunicar este pilar. Las respuestas abiertas exhiben dos velocidades: unas describen campañas, capacitaciones y espacios internos; otras ya trabajan con líneas de base, porcentajes y plazos.
La diversidad se amplía, pero el género sigue liderando la agenda. La equidad de género continúa siendo la dimensión más abordada. Diversidad sexual, discapacidad y diversidad cultural muestran una presencia similar, mientras que las personas mayores de 45 años aparecen más rezagadas.
Siemens informó objetivos vinculados con brecha salarial, nivel de inclusión y representación de mujeres en determinados niveles de conducción. BBVA señaló que las mujeres ocupaban el 35% de sus posiciones de liderazgo al cierre de 2025. Cirion Technologies informó una participación femenina del 27% en su dotación durante 2024. Los universos no son comparables, pero los ejemplos sirven para trazar una frontera: sensibilizar puede acompañar el cambio cultural; medir es lo que permite saber si ocurrió.
Ambiente al frente
El ambiente es, con diferencia, el componente más estructurado de la agenda. El 80% posee una política formalizada y otro 9,6% se encuentra desarrollándola. El 76,8% cuenta con metas y seguimiento periódico; el 4% tiene objetivos, pero sin monitoreo sistemático; y el 14,4% está en proceso de definición.

Cervecería y Maltería Quilmes describió una evolución que fue desde la filantropía y la responsabilidad empresarial hasta una mirada de regeneración integrada al negocio. La compañía, que trabaja sobre acción climática, gestión del agua y agricultura sustentable, se encuentra definiendo sus metas para el período 2026-2030.
El caso muestra cómo la agenda ambiental comienza a desplazarse desde la reducción de
impactos hacia una pregunta más exigente: qué condiciones puede mejorar una empresa a partir de su propia actividad.
Pampa Energía detalló que trabaja con inventarios de emisiones de alcances 1, 2 y 3, evaluaciones de riesgo hídrico, líneas de base de biodiversidad, sistemas certificados y verificación externa de indicadores. El caso ilustra por qué este eje muestra mayor madurez: los impactos pueden medirse, compararse y vincularse con sistemas técnicos y regulatorios.
Pero la fortaleza ambiental también abre una nueva pregunta. ¿Las empresas están mejorando consumos dentro de sus operaciones o están transformando productos, proveedores y decisiones de inversión? La reducción de emisiones y la acción climática fue elegida como prioridad futura por 91 compañías; la eficiencia energética y la transición hacia renovables sumaron 65 menciones. El desafío ya no es sólo medir la huella, sino demostrar cuánto cambia el negocio a partir de ella.
La IA sin manual
La inteligencia artificial irrumpió con una velocidad que la gobernanza todavía no logra acompañar. El 75% ya incorporó herramientas y otro 17,5% se encuentra en evolución. Los usos se concentran en optimización de procesos, análisis de datos, atención al cliente, marketing, recursos humanos y gestión de riesgos.
Entre las 94 empresas que ya utilizan IA, 71 tienen medidas, 19 están elaborándolas y 4 no cuentan con ninguna. Una de cada cuatro, por lo tanto, adoptó la tecnología antes de completar su marco de control.
Las respuestas muestran que el cambio no se limita a incorporar software. Grupo Sancor
Seguros señaló que la automatización de tareas fue acompañada por capacitación, actualización de habilidades y reconversión de perfiles. La discusión ya no pasa solo por eficiencia. La IA interviene en decisiones sobre personas, clientes, riesgos y acceso a servicios. Sin responsables definidos, supervisión humana, protección de datos y trazabilidad, la innovación puede abrir una nueva brecha de confianza.
El impacto social busca foco
Sobre 119 respuestas válidas, el 84% desarrolla programas de inversión social privada. Educación y empleabilidad es el destino más frecuente, seguido por inclusión social, ambiente, desarrollo económico local y salud y bienestar. En los últimos tres años, 51 empresas informaron un aumento del presupuesto, 37 una actualización por inflación, 33 lo mantuvieron y tres lo redujeron.
Los datos, sin embargo, no permiten comparar esfuerzo económico. La encuesta no releva
montos homogéneos ni el peso de la inversión social sobre ventas o presupuesto total. Tampoco alcanza para afirmar que todos los programas estén integrados al negocio. Algunas compañías explicaron con claridad la relación entre sus capacidades y sus iniciativas; otras se limitaron a señalar que existe alineación.
Mastellone Hnos describió programas vinculados con salud alimentaria, educación técnica y fortalecimiento de la producción láctea. L’Oréal Groupe Argentina informó una iniciativa de formación profesional de mujeres basada en conocimientos de la industria de la belleza.
Carrefour Argentina señaló que su programa de rescate de alimentos utiliza excedentes de la propia operación para generar valor social. En los tres casos, el aporte gana espesor cuando el programa se conecta con saberes, productos o desafíos de la actividad.
El voluntariado corporativo tiene menor penetración: el 64,8% cuenta con un programa, el 13,6% está desarrollándolo y el 21,6% no posee uno. La diferencia por tamaño es contundente: el 74% de las grandes empresas tiene voluntariado, frente al 10,5% de las PyMEs.
Impacto social
La inversión social está más extendida que el voluntariado corporativo. En medición, 91 compañías utilizan indicadores de gestión y de resultados; 17 se concentran solo en resultados y otras 17 únicamente en gestión. La cantidad de indicadores creció. La pregunta pendiente es si miden actividades o cambios duraderos.
Publicar no alcanza
El Reporte de Sustentabilidad se consolidó como una práctica extendida: el 80,8% publica uno y otro 9,6% está desarrollándolo. GRI continúa como el marco más utilizado, seguido por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), SASB, TCFD, Integrated Reporting e ISSB.
La brecha aparece en la validación. Sólo 54 de las 106 empresas que respondieron sobre auditoría interna declararon contar con una instancia de revisión de los datos publicados. Entre las 101 compañías que ya reportan, 51 informaron auditoría interna, 39 respondieron que no y 11 no completaron la pregunta.
Aun así, la encuesta no permite saber cuántas compañías realizan aseguramiento externo, qué nivel de revisión aplican ni qué porcentaje de la información está cubierto. Reportar bajo un estándar mejora la comparabilidad; no garantiza por sí solo la calidad de los datos.
El tamaño no explica todo
La escala de la organización influye en la capacidad de formalizar la agenda. Entre las grandes empresas, el 98% cuenta con un área de sustentabilidad y el 92% involucra a otras funciones. Entre las PyMEs, esos porcentajes descienden al 84% y al 74%, respectivamente.
compañías posee una Política de Derechos Humanos, frente al 37% de las PyMEs. En diversidad, el 72% de las grandes empresas cuenta con metas, mientras que entre las
más pequeñas el porcentaje baja al 31,6%. La publicación de reportes muestra una brecha
similar: 85,5% contra 52,5%.
Sin embargo, el tamaño no determina por sí solo el nivel de integración. La aprobación de la estrategia por parte del Directorio es alta en ambos grupos: alcanza al 84% de las grandes empresas y al 89,5% de las PyMEs. En organizaciones más pequeñas, la cercanía entre propiedad, conducción y gestión puede facilitar las decisiones, aunque no siempre se traduzca en estructuras formales o sistemas sofisticados de medición.
La encuesta muestra, en definitiva, que la madurez no responde a una única variable. Hay compañías grandes con políticas consolidadas, pero brechas en incentivos, auditoría o derechos humanos. Y también organizaciones de menor escala que, con menos recursos, comenzaron a incorporar metas, responsables y mecanismos de seguimiento.
La diferencia no está solamente en cuántas herramientas tiene una compañía, sino en la
capacidad de conectarlas. Un área, una política o un reporte pueden marcar un avance. La
integración aparece cuando esos instrumentos modifican decisiones, asignan responsabilidades y permiten demostrar resultados.
Lo que viene
Las prioridades para los próximos tres años confirman que la agenda ambiental seguirá marcando el ritmo. La reducción de emisiones y la acción climática encabezaron las respuestas con 91 menciones. Le siguen eficiencia energética y transición hacia renovables, con 65; bienestar y desarrollo de las personas, con 63; innovación y tecnología para la sustentabilidad, con 56; economía circular, con 54; ética y transparencia, con 52; y gestión sostenible de la cadena de valor, con 51.