Microsoft frena 80% la compra de créditos de carbono por la IA

La gran demanda eléctrica de sus centros de datos disparó las emisiones de la tecnológica y obligó a reestructurar su billetera verde. La retirada del mayor comprador del planeta provocó un desplome del 66% en las ventas globales y encendió las alarmas en el mercado climático.

La carrera global por dominar la Inteligencia Artificial acaba de chocar de frente contra la agenda climática corporativa: Microsoft redujo un 80% su compra de créditos de eliminación de carbono (CDR) durante la primera mitad de 2026.

Esto sucede debido al crecimiento exponencial de la IA que requiere tanta energía que está devorando los presupuestos destinados a la descarbonización.

El costo invisible del algoritmo

Detrás del recorte no hay un cambio de discurso, sino una sangría de caja impuesta por la infraestructura. Microsoft proyecta desembolsar USD 175.000 millones este año únicamente para construir y equipar los centros de datos que alimentan sus modelos de IA.

Semejante despliegue tuvo un impacto directo en sus balances ambientales: el consumo eléctrico masivo provocó un salto del 25% en la huella de carbono de la compañía en el último ejercicio. Ante la urgencia de mantener el liderazgo tecnológico y aplicar una “disciplina financiera” más estricta, la compañía reasignó capital, priorizando acuerdos directos de energía limpia para la red por sobre la adquisición de créditos externos.

Un mercado en “efecto dominó”

El problema es que Microsoft funcionaba como el gran ancla financiera del mercado voluntario de carbono, representando casi la mitad de todas las compras mundiales de alta calidad. Su retiro parcial provocó una parálisis inmediata:

  • Ventas en picada: El volumen global de transacciones de eliminación de carbono cayó un 66% en lo que va del año, pasando de 53 millones a apenas 18 millones de toneladas.

  • Golpe a la innovación: Tecnologías de vanguardia como la Captura Directa de Aire (DAC), la meteorización mejorada y el biochar pierden a su principal financista de contratos a largo plazo, dejando a decenas de startups de clima en una peligrosa crisis de liquidez.

El giro de la Big Tech deja al descubierto la extrema vulnerabilidad de un mercado hiperdependiente de un puñado de gigantes tecnológicos y reabre el debate de fondo: ¿son compatibles las ambiciones climáticas hacia 2030 con el apetito voraz de la revolución digital?

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