Con aval ambiental de Río Negro y el soporte científico del INTA, un proyecto piloto con 11 productores ovinos en la Meseta de Somuncurá busca demostrar que la ganadería regenerativa es el “seguro más barato” contra la sequía profunda. Por qué el negocio no depende de la política.
La estepa patagónica no da respiro. En la Línea Sur, donde la variabilidad climática es brutal y las promesas estatales suelen durar lo que un suspiro en el viento, los productores ovinos familiares están encontrando un aliado impensado para sobrevivir: los bonos de carbono Patagonia.
No se trata de una solución mágica. Christian Farjat, fundador de Forestblock, lo define sin vueltas: “El bono es definitivamente la herramienta, no el destino. La pregunta de fondo que nos hicimos al diseñar el proyecto es: ¿cómo hacés para que a un productor familiar de la Línea Sur le cierre económicamente un manejo que cuida la tierra? Eso es lo que venimos a responder”.
El “seguro” contra la sequía cuesta menos de lo que pensás
La ganadería regenerativa —que incluye rotación de potreros, períodos de descanso del pastizal y ajuste de carga animal— suena excelente en los manuales de sostenibilidad. El problema histórico es el costo de implementarla.
“Los cambios no son nuevos en la teoría. Siempre chocaron con un problema concreto: el costo de implementarlos. Kilómetros de alambrado, bebederos bien distribuidos, planificación técnica campo por campo. El crédito de carbono es exactamente el capital que falta para dar ese salto”, explica Farjat.

Las tres barreras de la estepa
Llevar este modelo al territorio implica chocar de frente con la realidad histórica y social de la región. Farjat reconoce que existen tres capas de resistencia muy reales:
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La cultural: “Muchos productores heredaron un modelo de ganadería extensiva que ‘siempre fue así’, y cambiar el pastoreo implica confiar en algo que no vivieron en carne propia”.
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La económica: “Los primeros años de transición requieren inversión antes de que lleguen los beneficios, y eso es difícil de pedir a familias que ya tienen márgenes ajustados”.
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La desconfianza institucional: “En la Línea Sur hubo varios programas estatales que llegaron y se fueron sin cumplir. Ya escucharon promesas antes”.
¿La estrategia para romper el escepticismo? El boca a boca y los hechos tangibles por sobre los escritorios. “Nuestra estrategia es exactamente la contraria a la típica: arrancar desde los casos concretos, no desde el discurso. Acompañamos el diseño del plan de manejo establecimiento por establecimiento, con las particularidades de cada campo. Cuando un productor puede ver que el pastoreo de un campo vecino ya está mejorando, la conversación cambia. En una comunidad pequeña, el boca a boca vale más que cualquier presentación formal”.
Por qué no se habla de números “en el aire”
“Acá quiero ser transparente: estamos en etapa de validación y hay un dato que todavía no está cerrado, que es la línea base de carbono del suelo. Ese proceso lo estamos completando con el INTA, con muestras ya en análisis. Mientras ese número no esté validado de forma independiente, no es serio de mi parte ponerte una cifra de ingreso por tonelada, prefiero que cuando publiquen, todo sea verificable y no tengamos que corregir después”, enfatiza Farjat.
Sin embargo, el esquema garantiza un beneficio neto inicial que va más allá de la especulación financiera: “El modelo está diseñado para que el ingreso por carbono sea un complemento real a la actividad ganadera, no una promesa etérea. Y las mejoras de infraestructura, el alambrado, las aguadas, quedan en el campo independientemente de lo que pase con el mercado de carbono”.
El proyecto viene de anotar un punto clave: la obtención de la Factibilidad Ambiental de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro (RESOL-2026-493). Esta resolución confirma que la ganadería regenerativa es perfectamente compatible con los objetivos de conservación del Área Natural Protegida Meseta de Somuncurá.
“¿Si alcanza solo con acuerdos regionales para consolidar el mercado voluntario a largo plazo? No, y creo que es importante decirlo. La credibilidad del mercado voluntario de carbono descansa precisamente en que la verificación es independiente de los gobiernos. Organismos como Verra auditan los proyectos con terceros acreditados que no tienen relación con el estado donde opera el proyecto. Lo que el gobierno local puede hacer es crear condiciones y eso tiene valor real, pero la confianza a largo plazo la construye la independencia técnica del estándar, no el aval político”.
El salto a la vidriera internacional
El piloto actual abarca unas 50.000 hectáreas en marcha en su primera fase con 11 productores, pero el potencial de la Meseta de Somuncurá es masivo. “El nuestro es un piloto ambicioso, pero un piloto, y parte del trabajo de esta etapa es demostrar que el modelo funciona para que pueda replicarse en la región”, concluye Farjat.
Los próximos pasos de la hoja de ruta ya están activados: comprar la validación formal ante Verra, consolidar el Documento de Diseño del Proyecto (PDD) y desplegar un sistema tecnológico para que cada establecimiento pueda seguir la evolución de su pastizal mes a mes desde un panel digital. La tecnología y los mercados globales se ponen al servicio de la estepa para que las ovejas —y las familias que las crían— puedan seguir poblando el suelo argentino.