La solución fintech que busca formalizar la gestión de residuos corporativos en Argentina

Fundadores de Reaquila, la pp que gestiona los residuos.

Las exigencias operativas y ambientales están cambiando las reglas de juego para el sector corporativo. En Argentina se generan más de 16,5 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos por año. El cuello de botella es evidente: solo en envases plásticos se producen unas 927.000 toneladas anuales, de las cuales apenas el 9% se recicla.

En este contexto, lo que antes se consideraba un simple gasto operativo de limpieza se ha transformado en una prioridad regulatoria, financiera y reputacional para las compañías.

Para responder a este desafío surge Reaquila, la primera plataforma y billetera digital de Argentina diseñada para conectar a los grandes generadores de residuos con los recicladores urbanos, bajo un modelo dinámico de oferta y demanda de materiales.

Trazabilidad y eficiencia: el impacto en la cuenta de resultados

El funcionamiento del sistema busca estructurar un mercado históricamente atomizado: las empresas publican los materiales reciclables disponibles (como cartón, film plástico o vidrio), y los recicladores de la zona reciben la notificación para coordinar el retiro. Al registrarse cada operación de manera electrónica, se elimina la informalidad y se generan datos auditables.

“La gestión de residuos dejó de ser un tema operativo para las empresas y para los Estados: hoy es un eje regulatorio, financiero y reputacional. Con Reaquila, un gran generador pasa de tener un pasivo operativo a contar con un activo trazable que cumple la normativa, fortalece su agenda ESG y genera ingresos para los recicladores”, señala Martín Parra, CEO y fundador de la firma.

Desde la perspectiva financiera, el incentivo es directo. Según estimaciones de la compañía, desviar los residuos secos de los rellenos sanitarios hacia los circuitos de reciclaje puede reducir entre un 20% y un 40% los costos de disposición final, optimizando además la logística interna de las plantas y locales comerciales.

El volumen de los grandes generadores justifica la escala. Una sucursal de supermercado mediana genera entre 5 y 15 toneladas mensuales de cartón, mientras que las grandes cadenas de retail suelen superar los 1.000 kilos diarios de envases mixtos por local.

De acuerdo con las métricas de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA WARM), una empresa que gestione 500 toneladas anuales de cartón a través de estos circuitos evita la emisión de aproximadamente 1.650 toneladas de CO2​ al año y preserva alrededor de 8.500 árboles.

Inclusión financiera para el eslabón clave de la cadena

El modelo de Reaquila combina la agenda ambiental con un componente de formalización laboral. La plataforma ya integra a más de 150 cooperativas y miles de recicladores urbanos dentro de un ecosistema digital. A través de alianzas estratégicas con firmas de la industria de pagos y financiamiento, los recuperadores acceden a pagos inmediatos mediante billeteras virtuales y cuentas bancarias.

De acuerdo con las validaciones internas de la startup, esta digitalización se traduce en una mejora de ingresos de entre el 25% y el 40% para los recicladores, en comparación con los esquemas informales tradicionales.

Una estructura híbrida: 7 profesionales y 20 agentes de IA.

Nacida en Argentina, la plataforma ya extendió sus operaciones a otros mercados de América Latina, con la mirada puesta en países como Chile, Brasil y Colombia, donde las regulaciones de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) están acelerando las obligaciones corporativas. Para sostener esta expansión regional, la compañía apoya su operación en una estructura tecnológica particular: un equipo de siete personas trabaja en paralelo con veinte agentes de inteligencia artificial. Estos asistentes automatizados aceleran los procesos de onboarding de nuevos clientes, la integración operativa en distintos países y la generación de reportes automáticos alineados a estándares internacionales de RSE y ESG.

La meta de la startup es consolidar la infraestructura digital necesaria para conectar las finanzas tecnológicas con la economía circular, proyectando un impacto potencial en la gestión de residuos de 600 millones de personas en la región.

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