En el Día Mundial de la Hipertensión Pulmonar, médicos y asociaciones de pacientes lanzan un llamado para detectar a tiempo esta enfermedad poco frecuente.
Más de 25 millones de personas en el mundo conviven con hipertensión pulmonar (HP) sin saberlo durante años. La razón es tan simple como alarmante: sus síntomas —cansancio, falta de aire, mareos— se confunden fácilmente con asma, ansiedad u otras condiciones frecuentes. Para cuando llegan al diagnóstico correcto, el 70% de los pacientes ya se encuentra en estadios avanzados. El proceso, en promedio, demora más de dos años.
Este 5 de mayo, en el marco del Día Mundial de la Hipertensión Pulmonar, la comunidad médica y las organizaciones de pacientes de Argentina se unen bajo el lema “Detección Precoz es Vida” para reducir esa brecha y visibilizar una enfermedad que, sin tratamiento oportuno, puede derivar en fallo cardíaco y muerte.
La HP es una enfermedad diferente, más silenciosa y más peligrosa: consiste en el aumento de la presión en las arterias que llevan sangre del corazón a los pulmones, sobrecargando el ventrículo derecho del corazón de forma progresiva e irreversible si no se interviene a tiempo.
Se la llama “la gran simuladora” porque sus primeras manifestaciones rara vez hacen sospechar algo grave:
- Disnea progresiva: falta de aire al subir escaleras, caminar, vestirse o bañarse.
- Fatiga extrema sin causa aparente.
- Mareos y síncopes (pérdidas de conocimiento).
- Edema en tobillos y piernas.
En Argentina se estiman unos 2.500 casos, pero la cifra podría ser mayor dado que muchos permanecen sin diagnóstico.
El Diagnóstico tardío: costo alto
El retraso también es una carga para el sistema de salud. Llegar tarde al diagnóstico implica internaciones más largas, tratamientos ineficaces y un deterioro que pudo haberse evitado.
El ecocardiograma doppler es la primera herramienta de sospecha, accesible y no invasiva. Pero la confirmación definitiva requiere el cateterismo cardíaco derecho, considerado el estándar de oro. Los especialistas son categóricos: este estudio no es un gasto opcional. Es la inversión que garantiza que el paciente reciba el tratamiento correcto desde el principio, optimizando recursos sanitarios a mediano y largo plazo.
El abordaje en centros multidisciplinarios es igualmente clave. La HP no se gestiona con un solo especialista: necesita neumólogos, cardiólogos, reumatólogos y equipos de soporte trabajando en conjunto.
Hay poblaciones que deben ser monitoreadas de forma activa. Entre ellas, pacientes con:
- Enfermedades del tejido conectivo (lupus, esclerodermia)
- Cardiopatías congénitas
- Enfermedades pulmonares crónicas (EPID, EPOC)
Para los médicos que atienden estos perfiles, la sospecha clínica temprana es un deber. No esperar a que los síntomas sean severos.
La buena noticia es que el escenario terapéutico mejoró radicalmente en la última década. Hoy existen fármacos específicos —inhibidores de la fosfodiesterasa, antagonistas de endotelina, prostanoides e inhibidores de la señalización de la activina— que transformaron la expectativa de vida de los pacientes, mejorando tanto la calidad de vida como la sobrevida.
El acceso oportuno a estos tratamientos no es un lujo: es el punto de inflexión entre una enfermedad manejable y una crisis irreversible.
HIPUA: acompañar en cada etapa
Desde 2009, la asociación civil HIPUA (Hipertensión Pulmonar Argentina) es el referente nacional para pacientes y familias. Ofrece información, asesoramiento y contención en cada etapa del proceso. En un camino tan exigente como el de convivir con una enfermedad crónica poco frecuente, no estar solo marca una diferencia real.
