“La termovalorización va a someter a la Ciudad a una deuda de más de 30 años”.

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Paul Connett, doctor en toxicología, químico y uno de los fundadores de la teoría de Basura Cero, llegó a la ciudad de Buenos Aires para exponer sobre los peligros de la incineración. En una conferencia de prensa en la Legislatura porteña, Connett consideró la decisión de incinerar como lamentable y obsoleta.

Invitado especial de Greenpeace, Paul Connett participó de un encuentro en la Legislatura porteña para explicar la importancia de evitar las plantas de termovalorización de residuos en la Ciudad y explicó a Visión Sustentable en detalle la toxicidad que acarrean.

Paul Connett, profesor en toxicología, químico y uno de los fundadores de la teoría de Basura Cero, habló con Visión Sustentable durante su visita a Buenos Aires. Preocupado por la posible construcción de unas siete plantas de incineración de Basura en el área metropolitana, el especialista explicó que esta decisión es el resultado de malas decisiones de políticos perezosos y corruptos: “Los incineradores son tan caros que podrían llevar a la Ciudad a la quiebra, si se avanza, la termovalorización va a someter a la Ciudad a una deuda de más de 30 años”.

Pero la decisión de modificar la ley de Basura Cero para darle lugar a la incineración de residuos no solo traería problemas económicos, según Connett, “los incineradores producen las nanopartículas más tóxicas concebibles, estos son uno de los contaminadores del aire que más nos preocupa porque son partículas microscópicas muy difíciles de capturar que además pasan entre los poros de los filtros y directo a nuestros pulmones a través de la membrana pulmonar”.

Las nanopartículas también se producen con los camiones diesel, la quema de carbón y de petróleo, y básicamente con cualquier combustión de alta temperatura. “Este tipo de partículas tóxicas no están reguladas en ninguna parte del mundo, porque aún no se han podido medir, por eso estoy convencido de que nosotros seremos conejillos de Indias de este experimento y las consecuencias pueden ser graves”, continuó.

Preocupado por el efecto que puede producir la termovalorización en las poblaciones de las megaciudades, Connett aseguró que la enfermedad y la muerte aumentarían. “La inflamación de los tejidos es el primer paso de la toxificación, y aunque se pueden anticipar problemas respiratorios y cáncer de pulmón, lo que más nos preocupa a los especialistas es el aumento en las tasas de ataques cardíacos”, describió. Asimismo, sugirió que un incinerador libera emisiones tóxicas como gases ácidos y metales tóxicos, entre ellos el plomo y mercurio que dañan el cerebro de los niños.

Para Connett las plantas de incineración no solucionan el problema del incremento de basura, ya que por cada cuatro toneladas de materiales que se queman se produce una tonelada de ceniza tóxica que nadie quiere y que se llevaría directamente a los rellenos sanitarios. Además, el 80% del material que se quema en el incinerador, se puede reciclar y compostar. “Los incineradores ahogan las alternativas y la innovación ya que se tarda entre 20 y 30 años para pagar la deuda por su construcción, y además, más del 50% del costo de construir un incinerador se usa para desarrollar los mecanismos de control de la contaminación del aire”, sugirió.

Entonces, con la termovalorización no se resuelve el problema de los rellenos sanitarios, en cambio se perpetúan. “Sabemos que es más difícil lograr un objetivo de Basura Cero en las grandes ciudades que en las pequeñas comunidades, por eso hay que dividir las metrópolis en comunidades más pequeñas para reinventar la aldea dentro de la ciudad, creando comunidades locales -explicó Connett-. Y una manera de hacer esto es generando centros de reutilización y reparación.

Como parte de delegaciones en varias ciudades del mundo, Connett ha sido exitoso en frenar la construcción de más de 300 incineradores en Estados Unidos y Canadá. Uno de los ejemplos más exitosos de su intervención fue en la ciudad californiana de San Francisco, donde ya alcanzaron el 80% del objetivo de Basura Cero, y en Italia hay más de 1.000 comunidades que llegaron a un 70% del objetivo robusto propuesto por el especialista.

Hace unos meses la Legislatura aprobó modificaciones a la ley de Basura Cero que abren las puertas a la construcción de incineradores, una modalidad que genera energía al tiempo que incinera los residuos. Con el relleno sanitario del Ceamse a punto de colapsar desde el gobierno porteño consideran que la termovalorización es la mejor salida para la Ciudad. Pero, ¿por qué fue tan difícil implementar la ley de Basura Cero en la Ciudad de Buenos Aires?

Para Connett fue una combinación de acciones políticas que no llevaron soluciones al problema residual. “La idea de Basura Cero es una combinación entre la responsabilidad de la comunidad y la responsabilidad industrial al frente del problema. Pero este último ha sido descuidado. Delante de los rellenos sanitarios se debían construir instalaciones de separación para la fracción residual, o sea, lo que queda después del compostaje, la reutilización y la reparación (que en el nuevo esquema propuesto se quemará y se convertirá en contaminación)”, dijo el experto.

Además recalcó la importancia de la ciudadanía en este proceso, “necesitan decirle a la industria que ‘si no podemos reciclarlo o compostarlo, no deberían hacerlo’, y para eso se necesitan mejores diseños industriales para el siglo XXI”. También indicó que debe haber centros de investigación para analizar qué embalajes están mal diseñados, involucrando a profesores, estudiantes, y diseñadores industriales para mejorar la situación residual.

Paul Connett es uno de los fundadores de la teoría Basura Cero, y enseña a cientos de comunidades de todo el mundo sus 10 pasos para reducir los residuos. Profesor retirado de química, especializado en Química Ambiental y Toxicología, durante los últimos 30 años, su investigación sobre gestión de residuos lo ha llevado a 49 estados de los Estados Unidos, Canadá y 62 otros países, donde ha impartido más de 2500 presentaciones públicas pro bono. En 2010, Paul dio dos presentaciones sobre Basura Cero a la Comisión de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y en marzo de 2012, Paul fue el autor del libro “Basura Cero: Una Revolución en Progreso”. Conocido por su famosa frase: “Dios recicla y el diablo quema”, el profesor reconocido en todo el mundo por su batalla contra la termovalorización, promueve iniciativas de Basura Cero desde 1999.

“Necesitan decirle a la industria que ‘si no podemos reciclarlo o compostarlo, no deberían hacerlo’, y para eso se necesitan mejores diseños industriales para el siglo XXI”
“La idea de Basura Cero es una combinación entre la responsabilidad de la comunidad y la responsabilidad industrial al frente del problema. Pero este último ha sido descuidado.”
“Los incineradores ahogan las alternativas y la innovación ya que se tarda entre 20 y 30 años para pagar la deuda por su construcción, y además, más del 50% del costo de construir un incinerador se usa para desarrollar los mecanismos de control de la contaminación del aire.”
“Este tipo de partículas tóxicas no están reguladas en ninguna parte del mundo, porque aún no se han podido medir, por eso estoy convencido de que nosotros seremos conejillos de Indias de este experimento y las consecuencias pueden ser graves.”