Inversiones con impacto social y ambiental

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Amanda Feldman, Impact Management Project.

Amanda Feldman del Impact Management Project estuvo en la Argentina. El foco de su presentación giró en torno a cómo invertir el dinero para generar impactos positivos.  Más de 1.000 profesionales de diferentes disciplinas se han involucrado para crear los fundamentos comunes sobre estos.

Por Vanesa Listek

Dada la escala de los problemas ambientales y sociales, los inversores ya no pueden ignorar los impactos de su dinero en el medio ambiente y la sociedad. El sector de capital privado es un patrocinador cada vez más importante en los negocios sostenibles, las empresas sociales y las organizaciones benéficas. Antes, invertir en gestiones de impacto social significaba tener una responsabilidad corporativa, hoy en día la motivación va por otro lado: las personas y el planeta.

Por eso no resta la pregunta: ¿Cómo se puede invertir el dinero para generar impactos positivos? Para que el plan sea viable tanto a la empresa como al planeta, dos cosas deberían suceder: por un lado se deben generar impactos positivos, y por el otro, debe existir un rendimiento atractivo para los inversionistas. Dado que todo lo que hacemos afecta a las personas y al planeta, manejar el impacto significa descubrir qué efectos se materializan para luego tratar de prevenir lo negativo y aumentar lo positivo.

Más de 1.000 profesionales de diferentes disciplinas se han involucrado para crear los fundamentos comunes sobre la gestión de impacto. De eso se trata el Impact Management Project (IMP), que a través de su website comparte cómo se habla, mide y gestiona el impacto, con el objetivo de mejorar el impacto positivo en las personas y el planeta, y tratar de evitar el negativo. Durante una charla en la Universidad Torcuato Di Tella, Amanda Feldman invitó a todas las compañías a usar este conocimiento, que fue un trabajo grupal entre centenares de expertos y de compañías, como BlackRock, UBS, Mars y otras decenas de empresas de todo el mundo. La especialista del IMP asegura que a través de los datos correctos, se puede impulsar el rendimiento para la empresa, las personas y el planeta.

“La gestión de impacto es un proceso de aprendizaje continuo, donde cada negocio y cada inversión tiene un impacto (positivo y negativo) y somos responsables de gestionarlo. Para eso debemos reducir lo negativo y aumentar lo positivo”, dijo Feldman, quien actualmente se desempeña como directora del equipo Bridges Fund Management y del Impact Management Project (IMP).

Para Feldman la ecuación para las empresas que buscan invertir en impacto social es simple: “sepa lo que está sucediendo, observe y administre los efectos de todos los interesados, ya que la única manera de ponerse de acuerdo sobre lo que importa es dejar de lado todos los egos”. Trabajar para el bien común de todos, desde los stakeholders de la empresa hasta los sectores más vulnerables de una capital urbana, tendría que ser el objetivo, que en conjunto con la información categórica que ofrecen en IMP puede hacer de una inversión de impacto, algo sumamente redituable.

Este tipo de inversiones se ha vuelto fundamental para la forma en la que operan las empresas. Están cada vez más interesadas en invertir de manera responsable, alentados por los gobiernos y sus propios rendimientos financieros. El impacto social puede ir desde inversiones en viviendas con el fin de ofrecer alquileres accesibles a algunos sectores de la sociedad más vulnerables, hasta esfuerzos de forestación y plantación de bosques.

Lo que hoy conocemos como impact investing va más allá de la filantropía empresarial de la década de los 90, es un cambio cultural, donde no hay un actor principal, sino que se trabaja para el bien colectivo. Hoy en día las empresas están bajo la presión de los stakeholders para involucrarse social y ambientalmente. También existen impact funds (o fondos de impacto que invierten en proyectos sociales y ambientales), y en el ámbito académico, las universidades sumaron cursos de Impact Management a su currícula, como es el caso de Harvard University y de la University of Pennsylvania.

Uno de los casos más recientes es el de la Ford Foundation, cuando en abril de 2017, su presidente, Darren Walker, anunció que Ford comprometería hasta mil millones de dólares en la próxima década para respaldar inversiones relacionadas con misiones que ofrezcan rendimientos sociales y ambientales. Hasta ahora, de ese compromiso de mil millones de dólares, Ford ha realizado una inversión de U$S 30 millones en viviendas accesibles en los Estados Unidos. Además, ha indicado que es probable que su próxima inversión respalde los servicios financieros para las personas más pobres en algunos de los países en desarrollo.

Pero eso no es todo, en 2016, la Fundación MacArthur asignó U$S 500 millones para inversiones de impacto, Heron Foundation anunció recientemente que ahora estará invirtiendo U$S 300 millones para su misión y la Fundación Surdna, en honor de su centésimo aniversario, se comprometió a destinar U$S 100 millones para inversiones de impacto.

Las intenciones pueden ir desde compromisos amplios a objetivos más específicos, pero hay un rango de intenciones para gestionar el impacto, que pueden ser agrupadas en cuatro tipos generales. Desde organizaciones que no tienen ningún interés en invertir en impacto social, hasta las que se encuentran del otro lado del espectro y que se clasifican en tres grupos: aquellas organizaciones que sólo quieren evitar daños, las que quieren beneficiar a las personas y al planeta, y los más comprometidos son quienes quieren colaborar con soluciones, así lo clasificó Feldman durante su presentación en la Universidad Torcuato Di Tella, ante un grupo de más de 80 empresarios, emprendedores, directores de empresa y operadores gubernamentales.

Las compañías interesadas en medir su impacto social pueden hacerlo según una serie de pautas establecidas por IMP, que resultaron de una extensa investigación y data management. Para IMP hay cinco dimensiones que describen la experiencia de las personas y el planeta, tanto positivas como negativas: qué resultados impulsan las inversiones, cuánto, para quién, la contribución que hacen y el riesgo que corren. La dimensión de riesgo es la más difícil ya que según Feldman, “el riesgo en finanzas se mide como la cantidad de dinero perdida, pero el riesgo en una inversión de impacto se mide sobre la vida de las personas o el estado del planeta; por eso manejar el riesgo es difícil de analizar para este tipo de inversiones”.

Al recopilar información sobre los efectos experimentados por las personas y el planeta, IMP puede comprender y comunicar el impacto, para que la mayoría de las organizaciones que quieran involucrarse en gestiones de impacto lo puedan entender. El proyecto se basa en un consenso entre cientos de profesionales globales en torno a estas cinco dimensiones que nos ayudan a comprender los efectos materiales, tanto positivos como negativos, que tenemos en las personas y el planeta.

“Establecemos objetivos financieros y de impacto según nuestra comprensión de las experiencias de las personas y el planeta; así como de nuestras propias intenciones y limitaciones”, enfatizó Feldman. Por eso hace hincapié en cómo lograr nuestros objetivos: implementamos sistemas de gobernanza y otros procesos para aportar de manera consistente a esos objetivos pero también para seguir aprendiendo sobre las experiencias de las personas y el planeta al utilizar la información que recolectamos para adaptar nuestros objetivos y mejorar.

El impacto de cada organización se gestiona en asociación con otros actores y para hacer esto efectivamente, se debe compartir información sobre el impacto de manera que todos puedan entenderla, desde legisladores y empresas, hasta personas comunes.

Cientos de personas y organizaciones, de distintas disciplinas de todo el mundo, se han unido a través del IMP para acordar sobre los fundamentos del rendimiento de este tipo de impactos. Toda la información que las empresas y organizaciones necesitan se encuentra disponible online en www.impactmanagementproject.com.