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Diciembre 2011
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Una oportunidad para la transformación

Esta no es una columna para “vender” el Voluntariado Corporativo. Pero sí para ponerlo en valor. Porque de entre todos los espacios que implican un intercambio entre la empresa y la comunidad, es quizás uno de los que muestra con más claridad la ecuación del “ganar-ganar”.

Mariana Lomé*

Tienen la palabra

A lo largo de la última década, hablar de Voluntariado Corporativo se ha vuelto algo cada vez más frecuente en el mundo de las empresas. Esto puede considerarse una buena noticia. Pero también nos habilita a revisar un poco el tema y pensar en algunos aspectos  que pueden ayudar a mantener vivo el interés en su desarrollo.

Recapitulemos. El Voluntariado Corporativo en Argentina tomó impulso con la crisis del 2001. Las empresas comenzaron a prestar atención a las preocupaciones de sus empleados sobre las necesidades que veían en las comunidades que rodeaban a sus lugares de trabajo. Muchos de los programas de voluntariado que hoy se han consolidado comenzaron con el permiso de la empresa para que un grupo de empleados hiciera colectas y actividades de acercamiento a una organización comunitaria. Luego, llegó la sistematización y con ella, la formalización de una distinción muy clara entre lo que podía ser apoyar a los empleados solidarios y lo que se considera un programa de Voluntariado Corporativo: se denomina así a “los esfuerzos empresariales, formales y organizados, que ofrecen los medios necesarios a sus trabajadores que desean dedicar voluntariamente su tiempo, capacidades, esfuerzos y recursos a proyectos sociales” (Empresa y Sociedad, 2004).

Hoy, para algunas empresas, el programa de Voluntariado Corporativo es una dimensión clave de su estrategia de Responsabilidad Social Empresaria. Para otras, es una más de las ofertas que brindan a sus empleados para que equilibren las exigencias laborales con iniciativas que los ayuden a sentirse bien. Y en otros casos, aún es una asignatura pendiente: han invertido tiempo y recursos pero no terminan de lograr los resultados que esperaban.

Un Programa de Voluntariado Corporativo bien desarrollado, le permite a la empresa, entre otras cosas, sumar a su imagen pública, aumentar el compromiso y la motivación de los empleados, estimular el desarrollo de sus habilidades, mejorar los niveles de atracción y retención de talentos, y favorecer la innovación, trayendo nuevas visiones sobre y desde la comunidad.

A los empleados les permite desarrollar nuevas habilidades y talentos, conocer nuevas personas, “hacer la diferencia” en un tema que los sensibiliza, enfrentarse a situaciones nuevas, encontrar variedad a sus tareas, y transformar su forma de sentirse personalmente y con relación a su empleador.

A este ganar-ganar tenemos que sumar un tercer ganador: la comunidad: porque estos programas acercan habilidades profesionales a sus organizaciones, estas reciben nuevas perspectivas sobre lo que vienen haciendo, ayuda al entendimiento entre actores de los distintos sectores, y da visibilidad a los problemas de la comunidad y los actores sociales involucrados.

Mariana Lomé
“El nuevo paradigma de la sustentabilidad está haciendo que las empresas en todo el planeta revisen y reformulen sus formas de producir, de vincularse con el entorno y también con sus empleados. En esa línea, cada vez hay más índices que se preocupan por medir la felicidad con que la gente transita su ámbito laboral”.

Desde una mirada pesimista alguien podría decir “pero si algo sale mal, todo esto puede convertirse en un boomerang”. Obviamente, tendría razón. Pero lo interesante sería asumir el desafío. Se suele decir, y hay pruebas, que los argentinos somos solidarios. Pero muchas veces esa solidaridad no logra canalizarse de forma sustentable. Quienes estudian la dinámica de la sociedad civil señalan que en la Argentina aumenta la cantidad de voluntarios en las organizaciones sin fines de lucro cuando aumenta el desempleo, y a la inversa. Un corolario de esto es que la gente que trabaja no tiene tiempo de involucrarse en causas sociales, en temas de la comunidad en que vive. Cuando hablo con voluntarios corporativos, una de las cosas que me dicen más frecuentemente es que el espacio propuesto por la empresa les permitió cumplir con esa “asignatura pendiente”. Las empresas, entonces, son las responsables de que hoy en día muchos argentinos tengan la posibilidad de hacer algo por los otros, mientras aprenden, mientras representan a su empresa, mientras adquieren nuevas habilidades, quizás no técnicas, pero si emocionales. No es un aporte menor al capital social de nuestro país.

Si hasta acá pudimos demostrar el valor del Voluntariado Corporativo, me animo a incentivar a aquellas empresas que aún lo están considerando y también a las que se desanimaron por una mala experiencia. Ver nuevos talentos en empleados que parecían haber llegado a su techo, o a los exigentes empleados de la Generación Y orgullosos de su compañía por su trabajo con la comunidad, a un supervisor que puede redefinir su relación con un empleado porque éste administra mejor su tiempo para llegar puntualmente al proyecto voluntario en el que se involucró, no son temas menores, porque en algún momento, harán su aporte a la productividad y a la reputación de la compañía.

Las tendencias en Latinoamérica son auspiciosas: el Informe 2011 del IAVE señala que “está surgiendo un modelo diferenciado de voluntario empresarial en esta región, focalizado en transformación en vez de “ayuda”, ejercitando el derecho de la participación ciudadana en vez de apenas “hacer el bien”. El crecimiento personal de los empleados es clave, ampliando su visión de mundo, construyendo el entendimiento de los problemas sociales, incorporando el espíritu de servir a los demás en su sistema de valores. Las tendencias incluyen empleados de empresas diferentes actuando juntos; programas liderados por jóvenes idealistas; voluntarios y comunidades eligiendo juntos los proyectos que se beneficiarán con el apoyo de las empresas.

El nuevo paradigma de la sustentabilidad está haciendo que las empresas en todo el planeta revisen y reformulen sus formas de producir, de vincularse con el entorno y también con sus empleados. En esa línea, cada vez hay más índices que se preocupan por medir la felicidad con que la gente transita su ámbito laboral. Y, como dice Howard Gardner, el pensador de las inteligencias múltiples hace poco “…no me interesa solo que la gente sea feliz, que simplemente se sientan bien. Es mejor que aprendan algo, que ayuden a otros. La felicidad debe venir porque estamos mejorando, porque hacemos cosas productivas”.

El voluntariado corporativo bien entendido, no debería dejar de ser un espacio planificado, financiado y evaluado como cualquier otra área del negocio. Pero no por eso debe perder el valor agregado de ser el espacio desde el cual, la empresa y quienes la integran apuestan a la esperanza, la solidaridad, la generosidad, para sumar a la transformación de nuestra sociedad en un espacio cada vez mejor para todos.

*Docente del Programa de Capacitación Ejecutiva en Responsabilidad Social Empresaria (PROCARSE) del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés. A su vez, es coordinadora del Posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro San Andrés-CEDES.

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