Farmacias del Centro junto con el Penal de Mendoza puso en marcha un taller de reciclado de papel para fabricar bolsas que serán adquiridas por la cadena y otras empresas locales. La asociación civil El Arca se sumó al proyecto para darle continuidad y trabajo a los reclusos al salir en libertad.
Todo comenzó con el propósito de desarrollar un plan para la racionalización del uso del papel en la compañía. Así fue como durante un año en Farmacias del Centro trabajaron en la concientización de sus colaboradores e invitaron a sus clientes a llevar las bolsitas de compras anteriores y dejarlas en recipientes ubicados en los locales. La idea original era vender ese papel a acopiadores locales, con el fin de apoyar a una organización social de la zona. Sin embargo, el bajo precio pagado por el papel llevó a que la principal cadena de farmacias de la ciudad de Mendoza realizara el reciclado artesanal del mismo en alianza con el Servicio Penitenciario local.

Des esta manera, Adolfo Brennan, director de Farmacias del Centro, se puso en contacto con el penal de Mendoza y junto con la Penitenciaría de la provincia comenzaron a trabajar en la instalación y puesta en marcha del taller de reciclado de papel para fabricar bolsas, que serían adquiridas por la compañía y otras empresas locales. “Nada fue fácil por diferentes motivos”, explica aún hoy Brennan. “El taller se encuentra extramuros y no tiene la capacidad de producción que debería tener por discontinuidad en la participación de los internos en las actividades”.
Como el taller está instalado fuera de la cárcel sólo pueden acceder al trabajo los reclusos que se encuentran en la fase de confianza y tienen permiso para salir a trabajar. Por diferentes motivos que suceden diariamente en la cárcel, la producción es más testimonial que real y muy variable. A pesar de estos inconvenientes más de 150 personas fueron capacitadas en forma intermitente.

Para llevar a cabo este proyecto, la cadena de farmacias que cuenta con nueve locales en la provincia de Mendoza y casi 100 empleados, realizó una inversión inicial de $ 30.000 para la puesta en marcha del taller y los honorarios de especialistas para el asesoramiento. Por otro lado, las autoridades del Gobierno y la Penitenciaría aportaron el lugar físico dentro del Penal de la Ciudad de Mendoza, el suministro de agua, electricidad y el dinero para el salario de los internos y el maestro penitenciario, un suboficial encargado de llevar adelante la actividad. “A su vez, nosotros aportamos el excedente de papel, las herramientas, máquinas, una licuadora industrial, las bateas para la preparación de la pasta, mesadas y bastidores de diferentes tamaños en donde se fabrican las bolsas”, detalla Brennan.
Así, gran parte de la comunidad participa en este programa, ya que el papel excedente de organismos públicos se separa y se entrega a la penitenciaría, y una vez que el papel se seca, en forma artesanal, se hacen bolsas con pegamento vegetal, por lo que el producto no contiene aditivos ni colorantes. “El taller va despacio, al ritmo del Estado”, se resigna Brennan al mismo tiempo que explica que el problema que tienen es, por un lado, que el volumen de papel generado por Farmacias del Centro es mucho mayor a la capacidad de producción que tiene el taller y, por otro, es que necesitan que el negocio tenga escala. “Buscamos que le sirva a los internos y a nosotros ya que estamos en condiciones de comprar el total de lo que producen”.
Esto último llevó a que la PyME sumara al proyecto al nuevo penal de Almafuerte y a la organización civil El Arca, una organización que cuenta con un taller de reciclado y una amplia experiencia en el trabajo con reclusos. Pablo Ordoñez, director Ejecutivo de dicha organización, remarca la importancia en la unión del productor y consumidor, que de esta manera, actúan en la economía en temas de inclusión social.

A su vez, cuentan con un taller de reciclado que llevan adelante pequeños productores en Mendoza, y la idea es acoplarlo al proyecto de las penitenciarías para darle continuidad. Además, formalizaron una red de consumidores con la cadena de Farmacias y sus empleados, creando una red de consumo conciente dentro de la empresa, con una serie de capacitaciones para sus empleados y familias. Así, los colaboradores de la PyME mendocina compran productos El Arca, asegurándose de obtener calidad y precio.
“El objetivo es que una vez afuera del penal puedan insertarse definitivamente en la sociedad a través de una actividad aprendida en la penitenciaría y llevarse la formación de un oficio y un certificado de su paso por el taller”, explica el director de Farmacia del Centro, quien decidió transferir el control de la gestión a la organización y sólo proveer papel y comprar el producto terminado.
El Arca comercializa sus productos y servicios en una red de 106 familias consumidoras responsables, cinco grandes empresas y una red de 56 comercios que apoyan su proyecto. Su origen es fruto de un proceso asociativo entre pequeños productores y consumidores responsables, que vincula a hombres y mujeres productores con familias, empresas, vecinos e instituciones estatales que deciden ser parte de un comercio con justicia.

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