
En algún punto el gobierno de una empresa se asemeja al gobierno de una persona, es decir a la manera en que un individuo toma decisiones, se relaciona y proyecta una imagen en la mirada del otro. Cada acción es una elección entre un infinitas posibilidades en donde entran en juego una multitud de voces -muchas veces en contradicción- que operan al interior de cada uno. ¿Cuántas veces tenemos deseos que se contraponen con los que consideramos nuestros principios? ¿Cómo saber cuál de las aspiraciones en puja es la más auténtica, la que mejor se condice con quien soy? A fin de cuentas la persona está atravesada permanentemente por una serie de pasiones respecto a las cuáles su autonomía versará en saber cuál de ellas la lleva a ser más sí misma y cuáles otras la extravían. Es que siendo quien tiene que ser, un individuo potencia sus cualidades, mantiene vínculos transparentes y refleja en su conducta el valor de la integridad.
Por su parte el gobierno corporativo refiere a la manera en que una compañía establece sus mecanismos de conducción, su estrategia de negocio y enmarca el camino a una rentabilidad creciente y sostenible. Del mismo modo las prácticas reconocidas como “de buen gobierno corporativo” instauran parámetros para relacionarse con sus grupos de interés y cuidan el desempeño económico, social y ambiental.
En este sentido, cabe indagar algunas cualidades personales -ya que las organizaciones son conducidas por personas- y qué consecuencias arrojan respecto a la cultura de una compañía. Dicho esto, no sería aventurado definir a una persona por la manera en que guarda coherencia consigo misma. Quien dice y hace en sintonía se destaca, pues sin dudas es un valor que escasea. Lo habitual es el gap entre declamación y acción. Y este es el quid de la cuestión. Somos fruto de lo que pensamos. Más: somos fruto de lo que soñamos. Ninguno de los grandes líderes de la humanidad ha llegado a serlo espontáneamente o por azar, sino que han plasmado en obras algo que nació como un pensamiento, un sueño. A la inversa, si uno no piensa en nada trascendente, también es fácil alcanzar cierta coherencia en el hacer. Basta con elegir una forma de vida sin compromisos, y ahí claramente se alcanza una coherencia, aunque será la del abandono, la del no ser.
Llegados aquí ¿Qué tiene que ver esta reflexión axiológica y personal con el desempeño de una organización y su gobierno? Resulta que más allá de lo extendidas que puedan encontrarse las políticas o líneas de actuación en una empresa, de no estar incorporadas en las actitudes de sus líderes, encarnados los valores pregonados en el día a día, podemos hablar mucho de gobierno corporativo mas dicho modelo no será más que eso, un modelo. Por el contrario, puede pensarse en gobierno corporativo como el resorte que promueva una identidad cultural profunda, inserta en la estrategia de una organización y que eche raíces en las acciones de su gente; que sitúe a las personas en el centro, balancee la orientación a los resultados con el cuidado de sus grupos de interés y la sostenibilidad en su triple desempeño. De este modo se irá en camino de ser una empresa exitosa y digna de ser imitada.

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