Unilever de Argentina capacita a personal de comedores y hogares sobre la preparación segura de alimentos para no generar enfermedades. Desde 2007, capacitó de manera directa a 350 personas y de manera indirecta a 60.000 con una inversión de $ 100.000.
Cada año, en el mundo, más de 3.500.000 de niños no llegan a los cinco años de edad por enfermedades como diarrea o neumonía, cuando por sólo lavarse las manos se puede prevenir la diarrea en un 50 por ciento y reducir, en un 25 la transmisión de enfermedades respiratorias. En Ciudad de Buenos Aires, según datos oficiales, se diagnosticaron, durante 2007, 600.000 casos de diarrea, mientras que el 93 por ciento de esos cuadros se relacionaron con el consumo de alimentos y bebidas contaminadas por bacterias, virus o parásitos.

Ante este escenario desde Unilever de Argentina buscaron la manera de abordar la problemática a partir del core business de la compañía. “Buscábamos un proyecto que estuviera relacionado con la limpieza y los alimentos, y, que al mismo tiempo, nos permitiera generar hábitos de higiene y prevención de enfermedades”, explica Tarcisio Mulek, gerente de Responsabilidad Social Empresaria de Unilever Argentina.
Así surgió la idea del programa de Re-educación alimentaria (P.U.R.A) que está dirigido a personas que se encargan o trabajan en la cocina de hogares, comedores, centros comunitarios, y ONGs que necesitan o desean ampliar conocimientos sobre la preparación de alimentos para que su trabajo en la cocina sea más seguro y no genere enfermedades de transmisión alimentaria.
Junto a la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Ministerio de Desarrollo de la Ciudad de Buenos Aires, que busca lograr la profesionalización de la lucha contra el hambre, se desarrollaron los contenidos y la dinámica de los talleres de capacitación que permiten a los participantes experimentar, ensayar y debatir. “Durante seis meses estudiamos e investigamos los contenidos que se iban a dictar y los adaptamos para que tuvieran un lenguaje simple, que cualquiera pudiera entender”, explica el representante de la compañía que invierte 100 mil pesos en este programa.

El taller tiene una duración de dos jornadas, el primer día se hace hincapié en que las manos son una importante fuente de contaminación y un vehículo para transportar los microbios. Se insiste en la limpieza de superficies y utensilios, y se hacen ejercicios prácticos con productos de higiene y limpieza para hacer más didáctico el aprendizaje. En la segunda jornada, donde los participantes ven las bacterias provenientes de la muestra que se tomó de manos, cabello, mesada y utensilios antes y después de la higiene, se trabaja en la segura cocción de los alimentos y el mantenimiento de la temperatura mínima necesaria.
Los capacitadores de la UBA explican, entre otras cosas, las razones y la forma en que deben lavarse las manos antes de comenzar a cocinar, después de ir al baño o tocar mascotas; colocar los alimentos crudos en el estante inferior de la heladera y los preparados en la superior. Según explican, un buen lavado de manos debe durar lo que tardamos en cantar el Feliz Cumpleaños y aseguran que es necesario sacarse pulseras y anillos, y lavarse entre los dedos y las uñas.
La primera experiencia de PURA se realizó en un comedor de Ciudad Oculta, en Villa Lugano con más de 30 Centros Comunitarios, a partir de ahí creció en cantidad de de comedores y centros. En 2010, debido al traslado de las oficinas de la multinacional al partido de Vicente López, lo replicaron en General Pacheco sumando, este año, 35 centros -entre 10 y 12 talleres más- en la zona de Vicente López, Pilar y Tortuguitas.
“Generamos hábitos de higiene y prevención de enfermedades en más de 350 personas con poder de replicar el mensaje en más de 60.000 personas en situación de vulnerabilidad, donde el 90 por ciento de los beneficiarios son niños”, asegura Mulek. También y por decisión propia, algunos empleados se suman al programa para colaborar con la logística y armado de los kits de limpieza.
Cada participante se lleva de los encuentros de capacitación una jabonera, un jabón, una carpeta con material bibliográfico, un imán para pegar en la heladera con los 4 pasos y un termómetro gastronómico: el “kit PURA”. “Lo más relevante de la acción que llevamos a cabo es que tiene un impacto exponencial, porque lo que aprenden los participantes lo pueden transmitir a los demás miembros de la comunidad y eso va provocando un cambio cultural”, concluye el gerente.

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