Vidalac, PyME santafesina del rubro alimenticio, comenzó con una máquina envasadora y una ralladora artesanal. Hoy es líder en la Bolsa de Valores y figura en el ranking de las 200 empresas más importantes del país.
Como muchos emprendedores, Darío Benítez, presidente y creador de Vidalac S.A., la alimenticia que surgió hace 15 años con una máquina envasadora adquirida con un crédito y una ralladora que mandó hacer en forma artesanal, tuvo que cumplir con muchas exigencias para insertarse en el mercado y poder trabajar con los grandes retails. Gracias a su crecimiento sostenido, en 2008 pudo dar sustento a su proyecto a partir del surgimiento de Alimentos Vida S.A.

Hoy, Vidalac está calificada como la PyME número 1 en la Bolsa de Valores y ubica el puesto 156 entre las empresas más importantes del país compitiendo con compañías de punta que tienen el 80 por ciento de capitales extranjeros. “Yo fui el único con capital unipersonal, se enorgullece Benítez.
A los 8 años, Darío Benítez descubrió que era un vendedor nato, cuando a escondidas de sus padres, vendía puerta por puerta ajo y limón y enterraba sus ahorros en el jardín de su casa. Un día se rompió la radio de su madre y como no había plata para repararla, con sus habilidades y la ayuda del ferretero, compró el repuesto que necesitaba y logró hacerla funcionar. “Ese fue mi primer crédito: un potensiómetro que rondaba los cuatro pesos, y desde ahí, toda mi vida fue “honrar el crédito”, recuerda entre risas el empresario de la firma que tiene un crecimiento exponencial del 400 por ciento anual.
Su mejor publicista fue la madre, y pronto se le llenó la casa de televisores y radios de todo el barrio por lo que tuvieron que construir un tallercito. Con esa tenacidad que caracteriza a los emprendedores, llegó a tener uno de los talleres más grandes de Santa Fe, con un local de 800 m2 en zona céntrica y ser uno de los primeros importadores de la provincia.

Tras atravesar algunas crisis, quiso volcarse a un rubro totalmente diferente y luego de observar e investigar un queso para rallar, decidió meterse de lleno en este emprendimiento por su cuenta y sin capital. Al principio, contaba con un monoproducto: queso rallado en polvo, y dos empleados.
Ahora, Vidalac tiene una línea completa de 23 productos alimenticios agrupados en cuatro marcas que produce en dos plantas industriales, una en Santa Fe, y la otra en Entre Ríos. “Ambas cumplen con todas las normas de calidad y exigencias internacionales para poder exportar a Europa y cualquier parte del mundo”, dice orgulloso su fundador. A su vez, es única en su tipo, con tecnología de avanzada y con todos los estándares de calidad aprobados según el Manual de Buenas Prácticas (B.P.M.) y el Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (H.A.C.C.P.).
Un llamado de la cadena de supermercados Walmart le permitió pasar de la venta minorista al mundo de los retails. “Las exigencias con las que se trabajan son muchas y eso te permite ir generando modelos de gestión que tienen como fin último maximizar tu operación”, recuerda varios años después. El primer punto crítico de cómo operaba estaba en el sistema de logística que tenía. “El primer camión que enviamos lo mandaron de vuelta porque una caja llegó abollada, y el segundo, porque llegó tarde a la descarga”. Así, personal del departamento de logística del gigante americano se comunicó con la PyME, capacitaron al personal y empezaron a monitorearlos con un régimen parecido al servicio militar, señala el empresario. Así empezaba a cobrar importancia el tema de la verificación de calidad del packaging y el sistema de entrega de mercadería. “Aproveché la oportunidad que me daban e incorporé el mismo sistema de responsabilidad de entrega con iguales estándares de calidad para todos mis clientes, incluyendo a los más chicos”, asegura.
De esta manera, comenzó la rueda trabajando sin stock y con varias cadenas de supermercados al mismo tiempo y con sólo con una semana de anticipación en los pedidos. Así, en 2009, Walmart los premió como la PyME del año por entrega, eficiencia, exactitud y precio. Más eficiente que grandes empresas pero con una estructura reducida de 40 empleados, la compañía está automatizada con modernas maquinarias para evitar errores humanos y la consecuencia de una producción defectuosa.
Según nos cuenta su creador, para poder exportar a algunos países, hay exigencias sanitarias que cumplir que pueden ser religiosas o de estándares de proceso. La planta ubicada en la ciudad de Paraná, es una de las pocas en el país 100 por ciento Halal, una norma netamente de confianza. “Esta norma certifica que los alimentos son aptos para el consumo de la población musulmana dado tiene muchas exigencias sobre la elaboración y el tratamiento del producto. Básicamente que no tiene que tener contacto en su elaboración con alcohol ni con cerdo, entre otros”, explica Benítez.


En su nueva planta cuenta con once líneas de envasado y con una capacidad de almacenamiento para 50 contenedores en tránsito. Esto le permite realizar entregas de cinco contenedores por día. Este espacio se estableció con el objetivo de llevar a la empresa a un nivel de producción superior, seis veces mayor a la que tenían.
Además del original queso rallado y leche en polvo de sus comienzos, la empresa desarrolló numerosos productos hechos a base de polvo tales como: papillas para recién nacidos, un producto para mujeres embarazadas enriquecido en hierro, cacao, sopa crema, leches saborizadas o azucaradas, entre otros. A su vez, descubrieron que la tercera edad era un nicho no tenido en cuenta y elaboraron una papilla balanceada nutricionalmente y de fácil cocción.
“Agua y listo”, es el slogan de la marca, pero para su dueño, el crecimiento y la inserción en el mercado fueron un proceso mucho más complicado. “En una oportunidad –relata Benítez- hicimos un pack novedoso que contenía dos bolsitas de queso rallado y figuritas para los chicos. El problema fue que las familias compraban una cajita y los chicos lloraban porque cada uno quería tener sus figuritas, entonces se retiraban rápido de la tienda sin pasear”. Eso fue determinante para que el retail retirara el producto de sus góndolas. “Aún hoy guardo las cajas en el depósito”.

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