Argentina es uno de los actores relevantes en el escenario de las energías renovables. Sin embargo, a seis meses de la puesta en vigencia de la Ley 26.093, que sentó las bases fundamentales de esta actividad, navegamos en un mar de incertidumbres.
Alejandro Carlos Giardino*

Dada su alta capacidad de producción de productos agropecuarios, la Argentina es uno de los actores relevantes en este nuevo escenario de las energías renovables. Nuestro país posee las condiciones necesarias para generar una fracción importante de la biomasa que se requerirá a nivel mundial, ya sea para el mercado interno como externo. La producción actual de granos, aceites y proteína vegetal, ubica al país como uno de los líderes mundiales en su exportación. El aprovechamiento de esos recursos para su conversión en bioenergía, generará la oportunidad de exportar mayor valor agregado en un plazo casi inmediato, promoviendo además la creación de empleo calificado.
Al mejorar la oferta exportadora de la Argentina, se podrán ofrecer alternativas de mercado para propiciar un mayor nivel de actividad, con el consecuente incremento de competitividad, productividad y sostenibilidad de la actividad agropecuaria.
Después de varias décadas de débiles intentos sobre la incentivación del uso de biocombustibles (obligatoriedad de uso de alconaftas en la Mesopotamia en la década del '70, Resoluciones de la Secretaría de Desarrollo Sustentable del 2001, Decreto de la Secretaría de Energía y Minería del año 2001, el Programa Nacional de Biocombustibles de la SAGPyA, etc) en el año 2006 se promulgó la Ley de Promoción de Biocombustibles N° 26.093/06 que sentó las bases actuales de esta actividad.
La misma, fija entre otras normativas promocionales, la obligatoriedad del corte de combustibles de hidrocarburos fósiles con un 5 por ciento de combustibles de origen vegetal a partir del 1 de Enero de 2010. O sea que, en aquel momento, fijaba un plazo de 4 años para poner a punto el complejo bio y el complejo petrolero a fin de reducir en un 5 por ciento el consumo total de nafta y gasoil.
Para que esto ocurriera, además de promulgar la ley, sus reglamentaciones, determinar las autoridades de aplicación y de asesoramiento -hecho que fehacientemente ocurrió- la Autoridad de Aplicación, en este caso la Secretaría de Energía, debía fijar los valores de corte para asegurar a los inversores el retorno de las inmensas inversiones que significan poner a punto ambos complejos, hecho que no ocurrió hasta Febrero de este año en biodiesel.
La actual incertidumbre Argentina en materia institucional se debe a que esta ley no fomenta la producción competitiva de gran escala. Prevé beneficios impositivos solamente para compañías compuestas por al menos 50 por ciento de propiedad gubernamental o por parte de pequeños productores, con lo cual, leyendo entre líneas, no habrá beneficios para la producción a gran escala. La ley también deja fuera de sus límites a la exportación y se enfoca solamente en el mercado doméstico.
El registro de la Secretaría de Energía muestra 22 empresas elaboradoras de biocombustibles, básicamente sojeras y azucareras. A partir de este punto, relataremos dos historias paralelas dado el carácter diferencial de uno y otro: biodiesel y bioetanol.
Biodiesel: combustible para energizar motores gasoleros. Es un combustible no tóxico y biodegradable que se produce por la transesterificación de ácidos grasos contenidos básicamente en aceites de origen vegetal, también puede provenir de grasas y aceite de origen animal y aceites comestibles reutilizados.
En la Argentina agropecuaria, el complejo sojero es la base del biodiesel. De acuerdo a los parámetros del proceso, se puede obtener una media de 400 /500 litros por hectárea, mientras que la capacidad instalada total es de 2,5 millones de toneladas por año de biodiesel lo que involucraría a 5 millones de hectáreas de soja considerando una producción combinada con harinas, 82 por ciento harinas y 18 por ciento de biodiesel.
En 2009 se exportaron 1,15 millones de toneladas de biodiesel a U$ 840 la tonelada -el precio de referencia actual que fijó la Secretaría de Energía es U$ 879-. Los principales compradores fueron los países europeos, con España a la cabeza, enrolados en su lucha por la disminución de emisión de gases de efecto invernadero e independencia de abastecimiento de hidrocarburos islámicos.

Existe un grado particularmente importante de incertidumbre debido a la existencia en la Argentina de los derechos de exportación para biodiesel -20 por ciento, que luego de reintegros se transforma en aproximadamente un 13 por ciento-, deja abierta la puerta para posteriores elucubraciones sobre la política aduanera que adoptará el Gobierno sobre este combustible producido desde un “yuyito”, tal como lo denominan.
Otro dato a tener en cuenta para la ecuación futura, es el cambio de demanda china, principal comprador de aceite de soja y que sí mueve el fiel de la balanza local, al estar incrementando la compra de poroto de soja y disminuyendo drásticamente la de aceites.
Bioetanol: es un combustible que se utiliza para energizar motores nafteros. Es un producto no tóxico y biodegradable que se produce a partir de la fermentación de los azúcares que se encuentran en los vegetales. Para su uso como combustible, debe deshidratarse totalmente a diferencia del alcohol mezcla de uso medicinal o culinario que se expende con 4 por ciento de agua.
En la Argentina el complejo azucarero del NOA y el maicero de la pampa húmeda son la base del bioetanol. Para fabricar 1 tonelada de bioetanol se requieren 15 toneladas de caña o 3,3 toneladas de maíz. El requerimiento anual de etanol anhidro para reemplazar el 5 por ciento de naftas que se consume en el mercado local es aproximadamente de 250.000 toneladas al año.
Como en el caso anterior aún no se ha cumplimentado el 5 por ciento que exige la normativa vigente debido a demoras de instrumentación entre los actores, pero se espera un fuerte incremento en la implementación del mismo a partir del 2do semestre de este año. Esto ha redundado en que la producción y exportación de alcohol anhidro sea aún incipiente sin guarismos relevantes.
Los impactos ambientales para ambos combustibles, deben ser considerados desde la totalidad de su ciclo incluyendo la Preparación de suelos-Plantación-Crecimiento-Tareas culturales-Cosecha-Transporte- Fabricación-Distribución-Utilización.
Desde el aspecto energético los biocombustibles tienen balance positivo contribuyendo a aumentar las disponibilidades energéticas del mundo.
Desde el aspecto del calentamiento global los biocombustibles pueden considerarse neutros sin afectar al incremento del los Gases de Efecto Invernadero a lo largo de todo su ciclo de generación/consumo. Estas consideraciones son válidas asumiendo un uso de suelo agrícola para su producción. En caso de reemplazar suelos boscosos naturales el balance global resulta altamente negativo dada la gran disminución de actividad fotosintética, principal sumidero de CO2, de los cultivos agrícolas frente a los silvícolas.
Desde el aspecto nutricional, el aprovechamiento integral de la biomasa con fines energéticos genera dilemas éticos ya que se ejerce una fuerte presión sobre el recurso tierra, compitiendo con la provisión de alimentos esenciales a la humanidad, utilizando áreas cultivables con mayor intensidad y expandiendo zonas de cultivo hacia áreas de mayor fragilidad ambiental. Ciertos biocombustibles como el etanol de maíz son altamente competitivos con la biomasa comestible que este reemplaza.
Existen en estudio biocombustibles de 2da y 3ra generación que no compiten con la biomasa edible, aunque si en suelos cultivables, salvando así el tema ético que representa quemar alimentos en los motores y generadores térmicos, pero estos todavía están aún a mayor distancia tecnológica-económica. Se están ensayando diferentes cultivos como Cártamo, Colza, Jatropha, Ricino, Sorgo, algas, desechos de bosque, etc.
El futuro del transporte sustentable parece inclinarse desde la industria automotriz hacia la locomoción eléctrica. Todos los fabricantes tradicionales, y muchos nuevos actores están apostando a móviles híbridos en una primera etapa y totalmente electrificados cuando maduren las nuevas tecnologías de acumuladores de alta densidad energética, principal barrera para este tipo de transporte.
Ahora, ¿Qué tecnología ganará la carrera del transporte sustentable? Aún no se vislumbra un ganador neto, pero los años venideros nos mostrarán un interesante desafío de noveles tecnologías acordes con el nuevo paradigma de cuidado del planeta. Y la gran pregunta es si los bios encontraran su lugar en la generación eléctrica.
*Presidente de ACes -Asociación Civil de Energías Renovables-. Maestría en Energías Renovables. Participó en obras hidroeléctricas tales como El Chocón, Futaleufú, Las Maderas y Piedra del Aguila; en transportes de hidrocarburos y en montajes de usinas térmicas, Central Costanera y Central Dock Sud, y en usinas atómicas, Atucha 1.

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