Las compañías argentinas están comenzando a entrar en un espacio de trabajo llamado “Negocios Inclusivos” (NI) que se encuentra en la frontera de la Responsabilidad Empresaria. Incluso, hay quienes consideran que un gran número de programas de RE Estratégica pueden ser considerados como NI. Si bien en el país aún no son prácticas habituales, el Grupo Arcor comenzó a transitar este camino, donde las alianzas estratégicas con los distintos actores de la sociedad juegan un papel fundamental si se quiere llegar a buen puerto.
La Ciudadanía Corporativa hace referencia a la manera en que la empresa integra valores sociales básicos con sus prácticas comerciales, operaciones y políticas cotidianas. Una empresa que adhiere a este principio entiende que su propio éxito está entrelazado con la salud de la sociedad y el bienestar general. Por ello, tiene en cuenta su impacto sobre todos sus stakeholders, incluyendo a empleados, clientes, comunidades, proveedores y medio ambiente.
Se puede decir que la mayoría de los Negocios Inclusivos (NI) podrían ser considerados como Responsabilidad Empresaria (RE) Estratégica, cuando uno de los actores es una empresa y el NI es parte fundamental del core business de la misma. Sin embargo, de acuerdo a diferentes autores, el punto central que hay que tener en cuenta es que la RE Estratégica busca balancear el triple resultado -social, ambiental y económico-, mientras que en los NI la prioridad está en mejorar la calidad de vida de las personas y el ambiente. A su vez, este tipo de negocios tiene como fin un norte ético y como medio el uso de las fuerzas del mercado, que hoy en día son omnipresentes. Por eso hay que remarcar que en los Negocios Inclusivos el core-business es la inclusión, mientras que en la RE Estratégica puede ser un efecto colateral o un beneficio adicional.
Si bien Argentina no ha desarrollado aún un número importante de este tipo de negocios en comparación a otros países de la región, como por ejemplo Colombia, los que están implementándose han logrado mantenerse en el tiempo y volverse replicables (véase “Argentina tiene muchas posibilidades para seguir desarrollando Negocios Inclusivos”). El programa desarrollado por Grupo Arcor, “Compras Inclusivas Responsables”, es un claro ejemplo del trabajo sustentable e inclusivo que se puede desarrollar en alianzas con los stakeholders.
Grupo Arcor es el primer productor mundial de caramelos y es el principal exportador de golosinas de Argentina, Brasil, Chile y Perú. A través de Bagley Latinoamérica S.A. es la mayor empresa de galletas de América del Sur. Con 57 años de trayectoria posee 41 plantas industriales, 30 en Argentina; 19 centros de distribución y más de 15.000 PyMEs contratadas como proveedoras. Con 10.000 marcas en el mercado, 100 lanzamientos promedio por año; alcanzó ventas consolidadas por $ 4.463 millones durante 2008, obteniendo una ganancia neta del ejercicio por $ 195 millones.
Inspirado en la experiencia con la Cooperativa de Trabajadores Unidos (véase Sólidos antecedentes), Grupo Arcor lanzó, en 2006, el programa “Compras Inclusivas Responsables”, cuyo objetivo central era incluir en la cadena de suministros de la empresa a emprendimientos productivos de grupos sociales vulnerables.
A través de esta iniciativa se buscaba fomentar el crecimiento de las economías locales, mejorar la calidad de vida de grupos excluidos, fortalecer las relaciones comunitarias, consolidar valores culturales y transferir conocimientos.
“Así quedó dentro del marco de Responsabilidad Social Arcor con proveedores una línea específica que tenía que ver con promover la inclusión económica y social de grupos vulnerables que generan una actividad productiva a través de la incorporación de los mismos a la cadena de suministro del Grupo”, explica Cecilia Rena, gerente de Estrategias Institucionales de Responsabilidad Social Arcor (RSA).

Desde el Banco Iberoamericano de Desarrollo (BID) impulsan la inclusión de la población de la base de la pirámide económica, facilitando el acceso a bienes y servicios básicos que mejoren la calidad de vida. Según explican, no se trata de incorporarlos como consumidores o clientes adaptando el producto o servicio a sus patrones de ingresos, sino que deben ser estratégicos, para conseguir una mejora en sus vidas. Asimismo, se trata de apoyar su inclusión como socios empresariales, ya sea como proveedores o distribuidores.
En sintonía con esto, el primer paso que dio Grupo Arcor fue crear, en 2006, un equipo de trabajo conformado por representantes de las distintas áreas involucradas -gerencia de RSA, Área de Suministros y Fundación Arcor- y realizar un relevamiento sobre qué emprendimientos había en el mercado, qué hacían, dónde operaban, qué necesidades tenían, qué podía aportar el sector privado, entre otros puntos. “Fue encontrarle la vuelta desde el lado del desarrollo, del negocio y de la sustentabilidad. Por esto, llegamos a la conclusión de que proyectos de este tipo necesariamente se construyen en conjunto con el sector público y con organizaciones de la sociedad civil (OSC)”, detalla Rena.
Definido este punto, se avanzó con dos experiencias pilotos en alianza con el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires. La primera de estas, fue un grupo de 38 talleres textiles que estaban conformando una cooperativa. Si bien el proyecto contaba con el financiamiento para comenzar a operar, sus miembros no podían resolver cuestiones básicas tales como manejo de equipo, gestión de costos, comercialización, aspectos técnicos de corte y confección, entre otros. Y la segunda, era una fábrica recuperada que realizaba un servicio de barnizado de hojalatas.
El gigante cordobés se sumaba acompañando los dos proyectos y asumiendo la compra de la producción. Ambas experiencias dejaron en evidencia que Arcor necesitaba fortalecer internamente el tema dado que los tiempos y exigencias del Área de Suministros no cuadraban con la realidad y las posibilidades que podían ofrecer los micro emprendimientos.
El camino a seguir fue abrir una línea interna de trabajo para sensibilizar a sus compradores y comenzaron con los del sector de Compras de Auxiliares -elementos como bolsas, cofias, delantales, trapos de piso, entre otros, que se adquieren desde las distintas plantas y no a nivel corporativo-, dado que es un rubro que es susceptible de ser abordado desde la perspectiva inclusiva por el tipo de emprendimientos que existen.
“Si bien nos encontramos con gente proclive a estos temas, cuando hay que sentarse con los emprendimientos a negociar el precio, abrir la conformación de los costos, y demás, la realidad nos demuestra que no es sencillo -reconoce la responsable del área de RSA, de este grupo que realiza una inversión social por $ 10.343.035, incluyendo donaciones en productos, aporte en dinero y materiales, más el presupuesto de Fundación Arcor e Instituto en Brasil-. Arcor está acostumbrado a comprar por volúmenes, entonces la negociación del precio tiene un poder fuerte y estos emprendimientos producen en volúmenes pequeños. Por lo que si entrábamos en la lógica pura de la inversión social uno hace una compra en trapos de piso para ayudar, pero esto no se puede sostener en el tiempo como un criterio de abastecimiento”.
Más allá de la sinergia que se logró entre las distintas áreas de la compañía que participaban en este programa, el Grupo decidió ir más allá y el año pasado incorporó en los objetivos de desempeño de los compradores de “materiales auxiliares” este tema. Con esta acción, institucionalizó finalmente el criterio inclusivo en el proceso de suministro de la empresa.
Asimismo, se diseñó una metodología de trabajo que incluyó un documento conceptual con una breve introducción al tema, una evaluación para orientar a cada comprador en la identificación y selección de posibles proveedores que se ajusten a los criterios definidos y una evaluación post para sistematizar la experiencia.

Para aquel proveedor que quiere ingresar al programa simplemente tiene que entrar en contacto con la planta que Arcor posee en su zona de influencia. Si el emprendimiento forma parte de una red más amplia, lo que recomiendan es que se contacte directamente al intermediario de la misma.
En el caso de El Arca Productores y Consumidores, una Asociación Civil mendocina que surgió fruto de un proceso asociativo entre pequeños productores y consumidores responsables, fue la propia compañía quien tendió el puente. “Nos llamaron con dos objetivos claros -recuerda Pablo Ordoñez, miembro fundador y representante de El Arca-. El primero, para que articuláramos con los productores para su programa de Compras Inclusivas Responsables, y el segundo para comprar productos que comercializábamos nosotros”.
Desde el área textil comenzaron a proveerles guardapolvos, y actualmente se encuentran en conversaciones para ver si desde el área agrícola comienzan a comercializar miel, aromáticas y especias.

El principal objetivo del Arca Productores y Consumidores es la comercialización de productos y servicios elaborados por pequeños productores que se encontraban excluidos económicamente en una situación de vulnerabilidad. El equipo realiza acompañamiento y asesoría a las microempresas en temas de administración, comercialización y producción, haciendo posible que estas sean autosuficientes.
Al mismo tiempo, comenzaron a trabajar con los consumidores y posteriormente con empresas de diversos sectores y necesidades. La red de comercialización actual está conformada por más de 200 familias y 15 empresas, y se espera que en los próximos años la pueda continuar su crecimiento.
Los productores que conforman el esquema son escogidos bajo una serie de criterios; deben ser pequeños productores, estar ubicados en poblaciones vulnerables y encontrarse en una de las cinco áreas de producción del Arca, la artesanal, alimentos, agrícola, textil o servicios.
El modelo está concebido para ser autosostenible, actualmente ha alcanzado un nivel de sostenibilidad del 60 por ciento, $ 650.000 anuales. Los recursos provienen principalmente del 15 por ciento de comisión que cobra sobre las ventas que realizan los productores a través de ella.
“Esta relación para nosotros es muy importante por el hecho de haber desarrollado confianza con una compañía como Arcor. Y esto lo logramos a partir del diálogo directo que se estableció entre sus funcionarios de compra y nuestros productores”, explica Ordoñez y agrega que este sistema funciona si se logra generar confianza con distintos sectores y a partir de allí intentar montar mecanismos que sean ganar-ganar para ambos. “Una vez que logras esto podes hablar en términos comerciales a partir de proyectos en común, aunque la lógica de Arcor no sea la del productor. Sin embargo, hemos dado el paso, ahora el desafío es lograr que estos intereses coincidan”.
Ahora, ¿cuál es la situación en la que se encuentran la mayoría de los emprendimientos que están por fuera de una red como EL Arca? Ambos sectores coinciden que a la falta de financiamiento se le suman problemas organizativos, de capacitación técnica, dificultad en comercializar sus productos e informalidad impositiva. Desde el gigante alimenticio aspiran a que el programa vaya resolviendo cada uno de estos puntos, pero siempre pensado en alianzas estratégicas como la de El Arca y la del sector público, dado que lo mejor que tiene esta compañía para aportar es su capacidad compra.
Asimismo, la compañía redobló sus esfuerzos para que este programa siga adelante y una muestra de ello es el número de compradores que están involucrados. En 2008, eran 20 los representantes de Insumos de Auxiliares que participaban, mientras que sólo a la reunión con el Arca, de agosto pasado, asistieron 13, lo que demuestra el involucramiento de la gente interna.
Desde Arcor están convencidos que este tipo de proyectos se enmarcan en las estrategias de Responsabilidad Empresaria de las empresas, que miran al sector privado como corresponsables de un desarrollo social y equitativo. “Son acciones requieren un tiempo de aprendizaje inicial importante, no son iniciativas que en seis meses uno las pone en marcha y funcionan -explica Rena-. Requieren mucho del día a día, de parar y preguntarse ¿qué está resultando? Y ¿qué debemos modificar para seguir avanzando? Esto necesariamente requiere de la participación activa del emprendimiento social, para que juntos veamos qué es lo que resulta y sigamos avanzando”.
Consciente de la importancia de extender a lo largo de toda su cadena de valor, prácticas empresariales responsables, el Grupo Arcor -entre otras acciones- diseñó en el marco del Plan de Responsabilidad Social Arcor (RSA) 2006 una línea de trabajo integral con sus proveedores. La iniciativa respondió a una doble estrategia: generar prácticas innovadoras en materia de RE y fomentar la corresponsabilidad de los públicos con los que interactúa.
El programa se organizó en torno a dos grandes ejes:1) la inclusión progresiva de pautas de Responsabilidad Empresaria (RE) en los procesos de selección, calificación y evaluación de proveedores y; 2) el Programa de Compras Inclusivas Responsable.
Esta preocupación no es nueva en Arcor. La empresa registra antecedentes de apoyo a grupos vulnerables que se han convertido en proveedores de la propia compañía y cuyos buenos resultados han inspirado el Programa de Compras Inclusivas Responsable. Entre los casos más importantes se encuentra el de la Cooperativa de Trabajadores Unidos de Campo Herrera (CTU), en la provincia de Tucumán.
Este programa fue el camino que eligió el Grupo para mejorar la competitividad y el crecimiento industrial de uno de sus principales proveedores de azúcar.
A 36 años de su creación, a la CTU le tocó vivir una crisis. La fuerte concentración de su actividad, las oscilaciones de precios de los commodities, el incumplimiento de antiguos clientes y diversas carencias operativas y organizacionales, le acarrearon problemas de productividad, económicos y sociales.
Ante esta situación, el Grupo Arcor decidió sumarse mediante un programa de reactivación productiva que desarrolló en conjunto con la Organización para las Naciones Unidas del Desarrollo Industrial y el Gobierno de Italia, a través de la Oficina de Cooperación Italiana. Así, mediante esta iniciativa, Arcor proveyó a la cooperativa de insumos para la producción agropecuaria, materias primas, asesoramiento tecnológico, capacitación y financiación. Asimismo, acompañó a la CTU en su proceso de obtención de asistencia financiera.
La Cooperativa también alcanzó nuevos logros productivos. En relación a este punto, además de continuar con el desarrollo de la caña de azúcar, diversificó su actividad en la producción de frutillas congelada, lo que le permitió entregar a Dulciora, una empresa del Grupo Arcor que fabrica en San Luis mermeladas y jaleas, 120 toneladas de este producto. Paralelamente, para poder ingresar en los mercados europeo y estadounidense, inició un proyecto de certificación para cumplir con los estándares “EUREP-GAP” y desarrolló una nueva marca comercial: “Frutillas Campo de Herrera”.
Por último, otro aspecto a resaltar fue la perspectiva y valor social que añadió CTU a su producción. En respuesta a ello mejoró la preparación de sus trabajadores con un programa de formación para líderes y un relevamiento de la situación de la población laboralmente activa de su comunidad.
Además, se inauguró la Escuela de Campo Herrera, creada por un socio fundador de la Cooperativa, a la cual asisten los hijos de sus titulares. Actualmente un total de 2.200 familias de la población.

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