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Julio 2009
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La ruta de la educación

Fundación Ruta 40 busca fomentar el desarrollo integral de las escuelas rurales y comunidades próximas a la Ruta 40 de nuestro país. Su accionar ya alcanzó 2.206 alumnos, tiene presencia en ocho de las once provincias por las que atraviesa la ruta nacional y cuenta con 45 programas terminados y siete en plena ejecución.

Sólo los que han viajado por la Ruta 40 de Argentina pueden entender su magia a lo largo de los 5.000 kilómetros que recorre uniendo once provincias desde la Patagonia hasta el Norte. Es, al igual que la educación, la columna vertebral que atraviesa al país. O quizás debería serlo. Así lo interpretó la familia Torres Carbonell cuando decidieron darle forma a las acciones que habían emprendido viajando por el país y llevando ayuda a las escuelas rurales.

Fue en 2005 que le dieron un marco legal, dando origen a la Fundación Ruta 40, cuyo objetivo principal es ser un puente entre quienes necesitan educarse y quienes tienen los conocimientos y de esta forma contribuir a la formación de capital físico, alimentos e infraestructura; humano, becas y capacitación docente; y social, programas de integración con la comunidad de las escuelas rurales ubicadas en comunidades próximas a la Ruta Nacional 40.

Silvia de Torres Carbonell, fundadora de Fundación Ruta 40.
Torres Carbonell, fundadora de Fundación Ruta 40.
Fundación Ruta 40
Objetivo: contribuir a la formación de capital físico, humano y social de las escuelas próximas a la ruta 40.
Escuelas: 20 escuelas rurales, en 8 provincias del país.
Programas terminados: 45
Proyectos en marcha: 7
Beneficiarios: 2.206 alumnos.

“Los proyectos siempre tienen que nacer desde las escuelas para que todos estén involucrados” -aclara Silvia de Torres Carbonell, fundadora de Fundación Ruta 40 y, además, profesora y directora del Centro de Nuevos Emprendimientos del Instituto Argentino de la Empresa (IAE), y directora de Fundación Endeavor. En un comienzo, ellos mismos financiaban los proyectos hasta que llegaron las alianzas con empresas y fundaciones. Hoy ya son 20 las escuelas que conforman la red de ayuda y hay tres nuevas por incorporarse en Neuquén, Mendoza y Salta. “Cada establecimiento tiene un grado de apoyo diferente, todo depende del nivel de compromiso que adopten los directores, dado que muchas veces a la falta de medios se suma la falta de iniciativa de quienes tienen a cargo a las escuelas”, explica Torres Carbonell y asegura que “la ayuda siempre se da en servicios o mercaderías, nunca dinero”.

En nuestro país, hay un universo total de 15.477 escuelas rurales, según datos publicados por el ministerio de Educación de la Nación en 2006. Hoy, la Fundación ya alcanzó los 2.206 alumnos que se benefician por las acciones realizadas, tiene presencia en ocho de las once provincias por las que atraviesa la ruta 40 y cuenta con 45 programas terminados y siete en marcha.

El libro llegó a La Poma

Todo comenzó con la Escuela N° 4381 de La Poma, un pueblo en las alturas de la provincia de Salta de 400 habitantes, con una única escuela y una sola cabina telefónica. Por casualidad llevaron libros y cuadernos para los chicos y colaboraron con el armado de la salita de jardín de infantes. Ante sus necesidades, la institución presentó el proyecto del armado de la biblioteca. “No sólo llevamos los libros sino que instalamos realmente la biblioteca y capacitamos al bibliotecario en el sistema Aguapey para catalogación de libros, en la Biblioteca del Maestro, en Buenos Aires”, enfatiza la creadora y agrega que la biblioteca ya funciona desde hace casi 3 años, y les mandan informes de la cantidad de chicos que asisten.

Escuela N° 4381 de La Poma.

Norma Formeliano, directora de la escuela a la que asisten 173 alumnos, está muy agradecida con la Fundación y el cambio que les produjo la creación de este espacio de lectura. “Al principio no causó gran impacto, llevó un tiempo hasta que los chicos se hicieran amigos de los libros -relata Norma-. Ahora se ven los frutos, hasta con los ex alumnos, que vienen todas las mañanas a estudiar e investigar. Sentimos una satisfacción tremenda”.

La biblioteca cuenta con textos usados y nuevos y posee tres computadoras conectadas a Internet. Fundación Ruta 40 realiza un aporte mensual para que Alberto Vargas, el bibliotecario, pueda atenderla todas las tardes fuera del horario de clases, y de esta formar generar hábitos de lectura en los alumnos, que incluso destinan parte del tiempo del recreo para ir hasta el lugar “A la tarde, hacen fila desde temprano para ser los primeros en entrar y tuvimos que poner la consigna de que primero lean y después usen las computadoras”, se ríe la directora que reconoce a la biblioteca, además, como un medio de contención para los estudiantes.

Cada grado dispone de una hora para su uso, y algunos docentes la aprovechan al máximo, como Elba, una maestra de grado que prepara los temas que va a trabajar, les entrega una guía a los alumnos que investigan con la bibliografía.

Por el momento, la Fundación seguirá pagando el sueldo del maestro porque no pueden oficializarla a través del ministerio de Educación para obtener subvención estatal, dado que las bibliotecas son obligatorias sólo para las escuelas secundarias.

Huertas comunitarias

En Tucumán, en tres establecimientos de la zona de Tafí del Valle acaban de poner en marcha un proyecto con salida a la comunidad. Es la construcción de huertas escolares y comunitarias en alianza con Fundación Huerta Niño que se especializa en el armado de huertas en escuelas rurales por parte de padres y docentes dado el alto índice de desnutrición infantil que existe en la zona.

EL DATO
15.477
escuelas rurales funcionan en todo el país, de las cuales 15.141 son estatales y 336 son privadas, según el Ministerio de Educación.

Felipe Lobert es el creador de Fundación Huerta Niño, que ya cumplió 10 años desde la construcción de la primera huerta en El Aguará, un pueblito situado a 15 km de Machagai, en la provincia del Chaco. “Admiro el trabajo que realiza Fundación Ruta 40 porque, como nosotros, buscan personas idóneas en cada acción que se proponen realizar”, sentencia Lobert que en alianza con el Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA) y su programa Pro Huerta trabajan en este proceso que lleva 10 meses, entre capacitación y construcción de la huerta.

En este programa, que se puso en marcha a principios de 2009 a partir del financiamiento que consiguieron de empresas como Essen, Mapfre y la Embajada de Australia, cada escuela genera su propio proyecto de acuerdo a las características del suelo y el clima del lugar. Para que esta acción sea sustentable los técnicos del INTA investigan la zona e identifican necesidades. A su vez, padres y docentes deben firmar un acta de compromiso para saber si existe fehacientemente la voluntad de trabajar.

Capacitación, trabajo y becas
Telar en La Poma.

Por segundo año consecutivo realizaron Talleres de telar en La Poma, donde capacitan a 15 madres y docentes y las ponen en contacto con la municipalidad de Cachi para que puedan vender sus productos en la zona.

Además, cuentan con proyectos más chicos como la entrega de libros, zapatillas, donaciones permanentes con útiles gracias a la empresa CONGELAR, que les facilita el traslado en sus camiones, cada 15 días, a diferentes lugares del país. La Escuela Victorina L. de Navarro, de la localidad Media Agua, en la provincia de San Juan, presentó el proyecto de fabricación de uniformes escolares y ropa de trabajo para que los chicos continúen con los estudios superiores y puedan insertarse en el mundo del trabajo, a través del desarrollo de un emprendimiento productivo y comercial. A partir de la donación de toda la maquinaria que realizó la empresa Picapau, instalaron el taller y las madres y docentes comenzaron a trabajar. Sin embargo, por un problema edilicio no pueden funcionar hasta que encuentren otro espacio físico.

Entre otros programas, se destaca el de la obtención del Documento Nacional de Identidad (DNI) para los habitantes de Corralito, en la provincia de Río Negro, ya que ni chicos ni grandes contaban con los medios económicos para sacarse la foto. El trabajo de la Fundación fue simplemente coordinar el traslado de un fotógrafo de Bariloche, de esta manera, los alumnos y algunos padres cuentan hoy con su DNI.

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