Ecoenergía S.R.L., además de dedicarse a la instalación de paneles solares, fomenta la utilización de sistemas de energía renovables; particularmente, la energía solar, desde hace más de 20 años. En alianza con diferentes OSC lleva instalados 50 equipos en comunidades aborígenes de la provincia de Neuquén.
Más de 1.600 millones de personas no tienen acceso a la electricidad y el planeta afronta un cambio climático debido al abuso de los combustibles fósiles, una doble realidad que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) solicita que se aborde mediante una "revolución energética" para abrir el mundo a las energías limpias.
Crear una agenda mundial que permita esa transformación fue el objetivo de los 500 expertos que se reunieron la semana pasada, en Viena, para intentar diseñar un futuro con menos emisiones contaminantes y con más "justicia energética".
“Hay que destacar el vínculo que existe entre pobreza de ingresos y pobreza energética. Por esto, el acceso a la energía es el objetivo perdido, dentro de los Objetivos del Milenio de la ONU para reducir la pobreza y el subdesarrollo antes de 2015”, detalló Kandeh Yumkella, director general de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), en la apertura del encuentro.

En sintonía con lo expresado por Kandeh Yumkella, José Enrique Díaz Colodrero fundó Ecoenergía S.R.L., una empresa neuquina que, además de dedicarse a la instalación de paneles solares, fomenta la utilización de sistemas de energía renovables; particularmente la energía solar, desde hace más de 20 años. Asimismo, colabora para que comunidades aborígenes cuenten con este tipo de sistema y ayuda en la confección de proyectos y la instalación de los equipos.
“Tenemos que bajar los consumos y producir menos emisiones que contaminen al medio ambiente. Es fundamental hacer docencia en el uso racional de energía para acceder a nuevas tecnologías”, afirma convencido Colodrero, quien, junto a su esposa, Liliana Díaz, fundó la empresa en 1991, con una inversión inicial de u$ 5.000.
Al principio fabricaron paneles solares, pero con el tiempo comprobaron que era más conveniente importarlos y se dedicaron a realizar proyectos sustentables para su instalación. “Estaría faltando a la verdad si dijera que no nos interesa hacer negocio, pero creo que nuestro éxito radica en el enfoque que imprimimos a la actividad, ayudando a un avance sustentable de las nuevas tecnologías que tenemos a disposición”, asegura el fundador de esta PyME cuya facturación fue de $ 2 millones durante 2007 y descendió a $ 700.000 durante 2008, luego de la llegada de la crisis.
En Argentina, el uso de la energía racional surge como novedad en la década del ‘80 cuando la Asociación Argentina de Energías Renovables y Ambiente (ASADES) le dio más empuje a la preservación del medio ambiente. Sin embargo, el camino recorrido no ha sido extenso si se lo compara con los avances logrados en otros países latinoamericanos, como por ejemplo Brasil.
Para Díaz Colodrero, la utilización de este tipo de energía no se expande rápidamente, por un lado, debido a la falta de conocimiento sobre el tema, y por el otro, por el alto costo de los equipos que se necesitan. “En las zonas rurales, la instalación para una familia tipo que utiliza la energía racionalmente, con un televisor, tiene un costo de U$ 3.000; mientras que si cuentan con una heladera grande, el costo puede llegar hasta U$ 10.000”.
La real necesidad de contar con algún tipo de energía y la imposibilidad de acceder a este tipo de tecnología por parte de las comunidades aborígenes, dado su alto costo, llevó a que Ecoenergía, en alianza con el Instituto Nacional de Acción Indigenista (INAI) y las fundaciones Hueche y Redes Solidarias, instalara 50 paneles solares.
El primer objetivo a cumplir era reunir la suficiente cantidad de familias para lograr un precio preferencial en los equipos -U$ 1.800 cada uno- que fueron financiados por el INAI y las fundaciones, mientras que la instalación de los mismos y la capacitación para que las familias pudieran utilizarlos eficientemente corrió por cuenta de la empresa. “Estoy convencido de que si aplicamos en nuestra actividad comercial los más elementales preceptos de la RSE, podremos lograr una sociedad mucho más justa, equitativa y segura”, enfatiza Díaz Colodrero. Otras de las problemáticas de las comunidades mapuches es el alto índice migratorio del campo a la ciudad que poseen. Según el último Censo Nacional de Población y Vivienda entre el 30 y 35 por ciento de los habitantes dejan su lugar de origen por la necesidad de mejorar sus ingresos y elevar sus expectativas de consumo.

En Las Coloradas, Neuquén, la Fundación Hueche se dedica a la educación y el desarrollo para el arraigo, con el fin de que los aborígenes no migren a las ciudades y permanezcan en el campo. “Generalmente los habitantes de las zonas rurales conocen sus tareas y las pueden desarrollar en su hábitat, pero no quieren hacerlo por aspirar a vivir en lugares donde puedan tener luz eléctrica y ver televisión, aunque parezca mentira”, explica Mario Reuque, representante de Fundación Hueche. Por esto, afirma que tuvieron grandes cambios desde que en las comunidades se instalaron los paneles solares. “Hay mayor comodidad porque no tienen que ir a buscar el combustible al pueblo, y mejoró la salud de la gente al no inhalar monóxido de carbono por las estufas a gas o petróleo, además del ahorro en garrafas”. En sintonía con Reuque, Díaz Colodrero cree firmemente que “si logramos satisfacer las necesidades básicas de los pobladores rurales, que generalmente son los más postergados socialmente, éstos no necesitarán emigrar hacia los centros urbanos para engrosar la masa de desocupados o subocupados que abunda en las grandes ciudades".

A su vez, la Fundación realiza cursos de formación sobre energías alternativas, producción animal, capacitación veterinaria, recuperación de técnicas artesanales, cultivo bajo cubierta e informática, entre otros. “Nuestro único objetivo es que los habitantes de Las Coloradas tengan una salida laboral y que los chicos comprendan la importancia de permanecer en el lugar que los vio nacer -asegura Reuque- y que no vean la ida a la ciudad como la única posibilidad de crecimiento; porque sabemos que ocurre con los que se van”.
Si bien la empresa está ubicada en el sur de Argentina, realiza trabajos para todo el país. En el norte de la provincia Salta, en los pueblos Misión La Paz y La Estrella, realizaron un sistema de bombeo de agua a partir de la instalación de paneles solares. Según explica Colodrero, existe un problema en la zona dado que las aguas del río Pilcomayo no pueden ser utilizadas para la agricultura y la ganadería ya que se encuentran contaminadas por los desechos vertidos por las compañías mineras que extraen el oro de las minas a cielo abierto de Bolivia. Por este motivo, contrataron a una empresa de la zona para realizar la perforación para instalar una bomba de agua e instalaron los paneles solares para que la misma funcione. “Un sistema de bombeo común consume 380 voltios mientras que éste sólo necesita del sol y abarata los costos”, enfatiza el empresario y agrega que “fue la única solución para que esta gente pudiera volver a plantar, a trabajar y a aprovechar al máximo las bondades del río”.

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