La Responsabilidad Empresaria ha llegado a las PyMES y como cualquier otra organización debe intentar acciones en este campo. Qué aspectos se deben tomar en cuenta a la hora de comenzar.
Por Patricia Debeljuh*

Después del auge que ha tenido la Responsabilidad Social Empresaria (RSE), centrada en lo que las grandes compañías han hecho y hacen por ella, parecería que este tema ha llegado también a las PyMEs. En efecto, diversas investigaciones ponen de manifiesto que si el compromiso con la responsabilidad social está unido al rol que ha de asumir una empresa de cara a su entorno, cada compañía debe hacer frente a este desafío independientemente de su número de empleados o su nivel de facturación.
La Responsabilidad Social Empresaria está unida a la cultura corporativa. Por eso, como en cualquier otra organización, cualquier intento de desarrollar acciones en este campo por parte de las PyMEs no ha de dejar de lado algunos aspectos claves que hacen a la cultura organizacional. Así, por ejemplo, habrá que tener muy en cuenta las relaciones y comunicaciones de tipo informal, basadas en vínculos interpersonales muy fuertes, que pueden ser un muy buen cimiento sobre el cual apoyar una política de responsabilidad social.
En este sentido, cobran un papel relevante los valores del fundador o propietario y la impronta que ha querido darle a su empresa. Por eso, en la mayoría, el compromiso con la RSE se presenta ligado a un estilo de liderazgo empresarial, avalado por la manera cotidiana de actuar de su fundador, que da credibilidad al compromiso con los valores que determinan la identidad de cada compañía.
La estrecha vinculación que tienen las PyMEs con otros agentes y su consiguiente dependencia, que en muchos casos pueden condicionar su funcionamiento, hace que a la hora de decidir qué tipo de acciones de responsabilidad social se encaran, se privilegien aquellas que fortalecen la confianza con ellos, por ejemplo, la mutua asistencia con sus proveedores o el apoyo a sus propios empleados. Estas acciones se traducirán en profesionalidad, reputación y lealtad, valores claves que garantizan la retención de talentos, la motivación de la gente, un buen clima laboral y la sostenibilidad de la empresa en el tiempo.

Las grandes compañías suelen invertir una buena cantidad de tiempo y de recursos en comunicar sus acciones y programas de inversión social. Son numerosos los premios y rankings que tratan de medir el impacto que dichos programas tienen en el contexto social. Sin embargo, a la hora de considerar la manera en que se comunica dentro y fuera de cada PyME el compromiso con la RSE, se constata que las empresas suelen comunicar poco sus acciones sociales y, si lo hacen, se focalizan en su público interno o bien en su área de influencia inmediata como puede ser su barrio o localidad.
Finalmente, la apuesta por la Responsabilidad Social Empresaria por parte de las pequeñas y medianas empresas puede entenderse como un proceso de profesionalización de su gestión, en muchos casos unido a la necesidad de alcanzar ciertas certificaciones socioambientales que avalan su compromiso con la sociedad. Las PyMEs tienen cada día más claro que para mantenerse competitivas e integradas a los sectores más dinámicos de la economía, deben demostrar ser socios comerciales confiables y alineados con las exigencias de sus clientes. De esta manera, el mito de que sólo las grandes compañías pueden darse "el lujo" de ser socialmente responsables, va cayendo y deja paso a las PyMEs.
*Profesora-Investigadora de UADE Business School y del Instituto de Administración.

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